Imaginaros que un futbolista, eufórico en una celebración, gritase “los Borbones son unos ladrones” o “Santiago Abascal, subnormal”. Sólo imaginad la que se montaría y como ya no sería gracioso.
Luego Lamine coge una bandera de Palestina o Borja Iglesias se pronuncia sobre el genocidio y resulta que no se debería mezclar futbol con política, pero a este le aplaudimos. ¿En que quedamos?