Un estadounidense acosó a un hombre latino en un restaurante de California e intentó robarle su skateboard... el idiota no sabía que le estaba robando a un artista marcial de jiu-jitsu con cinturón marrón.
El pobre diablo acabó humillado y con la dignidad por los suelos. 😂
Y cuando Aegon encontró la fuerza para volver a levantarse… el Sol volvió a salir.
Hay un detalle precioso en esta escena. En cuanto Aegon comienza su discurso, Sunfyre despierta. Es casi como si el dragón hubiera permanecido débil porque su jinete también lo estaba. Ambos estaban rotos, ambos al borde de rendirse. Pero en el instante en que Aegon decide levantarse y seguir luchando, Sunfyre hace lo mismo.
Es uno de los paralelismos más hermosos entre un dragón y su jinete.
Y no es casualidad. El propio Martin afirmó que Aegon II y Sunfyre compartían el vínculo más fuerte entre un jinete y su dragón. Un vínculo que se refleja en cómo Aegon nunca dejó de creer que Sunfyre seguía con vida cuando todos lo daban por muerto, y contra toda lógica, Sunfyre encontró el camino de vuelta hasta su jinete. Como si ninguno de los dos pudiera seguir adelante sin el otro.
Cuando uno cae, el otro también. Cuando uno encuentra la fuerza para levantarse, el otro responde.
No es casualidad que al dragón más hermoso de todos lo llamaran como el propio Sol. Porque incluso después de la noche más oscura, el Sol siempre vuelve a salir.
Vermithor y Ala de Plata, la historia de amor más triste de los dragones de Poniente:
Cuando pensamos en los dragones, normalmente pensamos en su poder y en su capacidad para cambiar el destino de reinos enteros. Pero la Danza nos mostró que detrás de esas enormes criaturas había mucho más. Los dragones no eran simples armas, eran seres inteligentes capaces de crear vínculos únicos.
Y ninguno representa mejor esa idea que Vermithor y Ala de Plata.
Mucho antes de que Poniente quedara dividido por la guerra civil Targaryen, estos dos dragones pertenecieron al rey Jaehaerys I y a la reina Alysanne, una pareja que durante años simbolizó una de las épocas más queridas de la Casa Targaryen.
Mientras sus jinetes permanecieron unidos durante décadas, Vermithor y Ala de Plata también compartieron un vínculo especial. Durante más de cincuenta años volaron juntos y, según cuentan las historias, en Pozo Dragón solían permanecer uno junto al otro, enroscados entre sí, como si no quisieran separarse.
Pero la llegada de la Danza lo cambió todo.
La guerra convirtió a estos dos dragones en herramientas de una lucha que nunca eligieron. Vermithor quedó bajo el control de Hugh Martillo y Ala de Plata bajo el mando de Ulf el Blanco. Dos hombres que no estuvieron a la altura del legado de sus dragones y que llevaron su poder a una de las batallas más terribles de la guerra, la batalla de Ladera.
Lo que había sido símbolo de la unión entre el Viejo Rey y la Buena Reina terminó convertido en una tragedia.
El final de su historia fue todavía más doloroso. Después de la Segunda Batalla de Ladera, Vermithor cayó tras un brutal enfrentamiento contra otros dragones. Cuando todo terminó, Ala de Plata regresó junto a él y, según los relatos, intentó mover su cuerpo con el hocico, como si quisiera despertarlo o conseguir que ambos pudieran volver a volar juntos una última vez.
En mi opinión, la historia de Vermithor y Ala de Plata es una de las más tristes de todo el universo de Martin. Dos dragones que durante décadas volaron juntos terminaron separados por la ambición de los hombres. Y quizás por eso su historia sigue siendo una de las más bonitas y dolorosas de Poniente.
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