Casi siempre que hablamos de BDSM nos centramos en el inicio: el consentimiento entusiasta, la negociación, los límites... antes de empezar.
Todo eso es imprescindible, por supuesto. Pero a veces olvidamos una parte igual de importante: cómo nos hemos sentido después.
El consentimiento inicial es la puerta de entrada, pero no es un cheque en blanco. Una dinámica sana no se mide tan sólo por el sí del principio, sino por lo seguros que nos sentimos de hablar con sinceridad después.
Ambas partes deben tener la total libertad de dialogar sobre la experiencia, compartir lo que les gustó y señalar lo que no nos sentó bien, sin ningún miedo a represalias, malas caras o castigos psicológicos.
Y no importa el tiempo que haya pasado, porque a veces es algo que no se sabe de inmediato, sino que le vamos dando forma poco a poco.
El consentimiento abre la puerta, pero la comunicación y el cuidado posterior son lo que mantiene esa D/s segura.
I'm chained to your body
like a wild dog to a pole.
Howling,
not to break free,
but because they won't
bring you sooner
so I can tear with my teeth
the flesh you dress up
to be proper in front of the others.
My desire for you
is the hunger of an untamed animal.
I want to ruin you
the right way,
slowly
so you feel every intention.
My hands learning
what makes you
forget your own name.
I'll take my time
at your neck,
your collarbone,
that place you think
I haven't noticed.
You'll ask me to hurry.
I won't.
Me atas con seda negra
soy por fin el mapa completo de mí misma
cada nervio iluminado
cada sombra con nombre propio
El dolor mensajero menor
golpea la puerta del placer
y ambos entran juntos confundidos
como hermanos que comparten
la misma boca
Daniel Mezquiriz
#ErotismoProfundo