Si no te nombro,
no existes.
Si no te escucho,
no vives.
Si no te siento,
te olvido.
Y así todo el día
hasta que llega la noche,
y ahí te agazapas,
jodía mía
con tu sonrisa de desprecio
como diciendo:
Eso, cierra los ojos
y duerme,
que te tengo
toda la noche
solo para mí.