Es imposible que la clase trabajadora de este país sobreviva
Padecemos uno de los capitalismos más depredadores y voraces de Europa: Empresarios explotadores, subvencionados y defraudadores+ clase extractiva y rentista ávida de beneficios+ turismo+ mano de obra barata
"El resultado puede engañar. Lo que no engaña nunca es el juego. Y ayer España dejó de parecerse a la de 2024 para parecerse a la España de los peores momentos en 2022 o 2018. Eso es lo que nos tiene que preocupar a nosotros, eso es lo que debe ocupar a Luis de la Fuente".
"Quien va a recoger la fresa por 400€, limpiarle el culo a mi abuela por 600€, o poner ladrillos por 1200€, los de VOX?? Sin inmigrantes el país colapsaria ☝️🤓"
Domingo para recordar lo obvio: España tiene servicios públicos saturados, vivienda por las nubes y unas pensiones muy altas que pagar.
Puedes intentar exprimir más a la gente común clavándoles más impuestos (empobrecerás al país y nada mejorará).
O puedes recortar pensiones, lo que permite expulsar inmigrantes y reducir presión en servicios públicos y precio de la vivienda.
Hazlo lo suficiente y podrás hacerlo junto a una reducción de impuestos, lo que, sumado a lo anterior, aumentará natalidad y productividad, haciendo subir los salarios.
La receta está ahí y es facilísima. El primer paso para echar a andar la rueda también está clarísimo y es tan fácil como hacer una división.
El único coste de arreglar España es político.
En España (en el mundo entero, en realidad), no se gana teniendo razón. Se gana ganando, que es un juego aparte. La gente inteligente, competente y cívica a menudo deposita demasiada confianza en la inteligencia, la competencia y el civismo. Ganar requiere otras cosas.
mira he visto ya tantos ragebaits del psoe que soy inmune
un programa de juicios populares para decretar lo que le salga los huevos al psoe con pardo de vera de presentadora
bah
un documental sobre el apagón con los principales lobbistas de la fotovoltaica y el gafitas
meh
un video de pedro sanxe haciendo una reunión con el ser más insoportable de la tierra?
ni me inmuto, cortisol bajo mínimos
Médico y Madre te ha metido un barco contagiado en territorio nacional porque quiere hacer carrera en la OMS. La hija de puta que te señala con el dedo al grito de SANIDAD PÚBLICA.
Es un problemón preocupante que nos acaben de colar 2,5 millones de truños en un país en la quiebra económica y social, y sin capacidad de maniobra porque el sistema es todo psoe, y que la oposición crea que lo urgente el 1º día es la Ley de Costas y un CIS imparcial
Luego algunas lloran cuando alguien se mete con su físico. No hagas lo que no quieres que te hagan. O como mínimo luego no montes numeritos de si eso es machismo.
Ver a @IbaiLlanos castear así, solo, en su setup, con la camiseta de G2, me da vibes de 2020 cuando salía con mascarilla a comprar tabaco y a dar un paseo de 20 a 22.
Se acaba de liar en ‘En Boca de Todos’ y Sarah Santaolalla abandona Mediaset a gritos.
🗣️ “Yo no puedo permanecer al margen cuando, después de estar una semana, el juez y el médico forense dicen que se lo ha inventado.”
Enorme, @AntonioRNaranjo 👏🏻
Emilio me cae bien (supongo que a Pablo Iglesias no le cae tan bien pero eso es otro tema). Pienso que es un tipo sincero y honesto que cree en lo que dice. El problema es que su manual está, siendo generosos, completamente desfasado.
Desde finales de los años 60, la izquierda ha sido incapaz de incorporar a su doctrina el hecho de que el capitalismo haya mejorado sustancialmente las condiciones de vida de todos los trabajadores en el mundo desarrollado. Y lo que es más importante, que esas mejoras no han sido conquista exclusiva de la izquierda marxista, sino el resultado de una confluencia de fuerzas muy diversas como la DSI desde la Rerum Novarum (de la que ayer hablamos en stream a colación de la respuesta de @CarlosHQuero a la menistra por cierto), la democracia cristiana, el sindicalismo confesional o el reformismo liberal, que han contribuido de manera decisiva a construir el Estado del bienestar europeo.
Que la izquierda se haya arrogado en exclusiva esa herencia es ya una primera gran mentira fundacional, sintomática de una tradición que históricamente ha confundido su relato con la realidad.
No solo eso: al haber ido desapareciendo gradualmente las miserias materiales más ominosas de la clase trabajadora europea, y al ir transformándose la economía hacia trabajos menos manuales, la izquierda ha elegido como nuevo campo de batalla ejes de "opresión" que no son otra cosa sino neurosis generadas por la propia sociedad individualista de consumo; dando la batalla en cosas como la "identidad", muy especialmente la relacionada con el género y el sexo, o el ecologismo de salón.
Al perder el monopolio real sobre la mejora material del trabajador (que nunca han tenido del todo) han necesitado reinventarse como únicos intérpretes legítimos de cualquier forma de emancipación. El problema es que, al hacerlo, han fallado sistemáticamente en reconocer que los ciudadanos situados en los estratos de rentas medias y bajas tienen vectores de identidad que van mucho más allá de la clase: la religión, la nación, la familia o la etnia que, además, forman parte nuclear de su identidad de una manera mucho más orgánica y arraigada que cualquier categoría importada de los departamentos de estudios culturales anglosajones.
La izquierda actual que Emilio representa, heredera en buena parte de la Escuela de Frankfurt, ha transformado así la lucha de clases en una suerte de terapia identitaria (le recomiendo leer a Lasch o a nuestro Sorel, tanto da), ignorando que el proletariado real sigue anclado en valores tradicionales y aspiraciones materiales concretas que además son totalmente incompatibles en origen con algunas de las políticas públicas que han promovido (animadas en buena parte por dinero proveniente de lobbys con intereses espurios, pero eso es un asunto aparte).
Su manual persiste en un internacionalismo utópico y en una solidaridad obrera transfronteriza que resulta difícil de sostener en un mundo donde los trabajadores de los países desarrollados compiten ferozmente con la mano de obra barata de economías emergentes.
Esta visión ignora además el vector de desigualdad quizás más urgente de nuestro tiempo: el profundo desequilibrio generacional del Estado del bienestar, donde una población envejecida e hipotecada en pensiones y sanidad pública impone una carga creciente sobre generaciones jóvenes cada vez más escasas y precarizadas.
Este último, por cierto, es un problema que la izquierda, aferrada a una coalición electoral de funcionarios y pensionistas, no solo no quiere resolver, sino que tiene todos los incentivos estructurales para ignorarlo.