Aquí nadie discute la calidad de Argentina, ni la grandeza de Messi, ni que sean campeones del mundo. Eso no está en discusión.
Lo que sí está en discusión es el arbitraje y el VAR.
A Egipto le anulan un gol retrocediendo varias acciones para encontrar una falta anterior. Perfecto: si ese es el criterio, entonces debe aplicarse para los dos equipos.
Pero antes del tercer gol argentino, Egipto reclama una falta en el área argentina. La jugada continúa y Argentina termina marcando. ¿Por qué allí el VAR no actúa con la misma rigurosidad?
Eso es lo que cuestiono: dos jugadas, dos criterios diferentes.
Y cuando estas cosas ocurren en un Mundial, inevitablemente aparecen las sospechas sobre la FIFA y sobre cuánto puede influir el VAR en el desarrollo del fútbol.
Argentina no necesita favores. Tiene fútbol, jugadores y calidad suficiente para ganar por sí misma.
Pero el fútbol se decide por detalles, y hoy los detalles arbitrales generan demasiadas preguntas.
Egipto hizo un partido extraordinario. Fue superior durante grandes momentos y obligó a Argentina a sufrir hasta el final.
Los goles argentinos pueden ser legítimos y bien ejecutados, pero eso no elimina la pregunta principal:
¿Por qué el VAR aplicó un criterio para Egipto y otro para Argentina? El fútbol necesita una sola vara para todos.
Porque cuando la tecnología deja de dar certezas y comienza a generar sospechas, el que pierde no es solamente Egipto. Pierde el fútbol.
El presidente Gustavo Petro, le entrega a Abelardo de la Espriella un país con una vara extremadamente alta, y difícil de superar.
Hasta la fecha de hoy Colombia mantiene indicadores como inflación controlada, desempleo de un dígito, reducción de la pobreza, estabilidad cambiaria y crecimiento económico, el desafío de su gobierno no será rescatar al país, sino demostrar que puede superar los resultados del gobierno de Gustavo Petro.
Su principal problema será que gran parte de su discurso de campaña estuvo construido sobre promesas que requieren reformas legales e incluso constitucionales de enorme complejidad. Con un Congreso fragmentado, una oposición fuerte y unas cortes con agenda propia, muchas de esas propuestas se quedarán en meros anuncios.
Además, llega al poder después de una elección extraordinariamente cerrada, en un país profundamente dividido. Gobernar con la mitad de la población en desacuerdo con su proyecto político limitará su margen de maniobra y hará que cualquier reforma que intente encuentre resistencia social y política.
Su alineamiento con Washington y los compromisos asumidos con la administración Trump causarán repulsión en gran parte de la población, por no decir en la mayoría.
Mi pronóstico es que será un gobierno de alta confrontación política, con una narrativa permanente de orden y autoridad, ningún avance en materia de seguridad, por el contrario, crecera la conflictividad, y el desastre institucional. Lo que traerá enormes dificultades para materializar las transformaciones estructurales que prometió. Muchas de sus propuestas chocarán con los límites institucionales, presupuestales y constitucionales del Estado colombiano.
Si su cacareado “país milagro” recibe una Colombia con indicadores macroeconómicos favorables, la pregunta no será si De la Espriella puede prometer más, sino si realmente puede gobernar mejor. Y superar una economía estable, reducir aún más la pobreza, mejorar el empleo y mantener la gobernabilidad en un país polarizado es mucho más difícil que ganar una elección. El balance final es que sus promesas terminarán estrellándose contra la realidad del país.
El solo hecho de que Polo Polo sea uno de los principales alfiles de Abelardo De La Espriella y seguramente vaya a ocupar un cargo ministerial en su gobierno, debería ser suficiente para que los indecisos se decidieran por Iván Cepeda.
¿Usted se imagina a Polo Polo tomando decisiones importantes para el país?
La diferencia entre Iván Cepeda y Abelardo es evidente. Cuando Cepeda conoció información sobre un posible autoatentado, puso los hechos en conocimiento de la Fiscalía y pidió a la UNP redoblar las medidas de protección. De la Espriella, en cambio, dice que desde hace una semana tiene información de tres fuentes sobre un supuesto plan de Cepeda para atentar contra su propia vida.
¿Por qué guardó silencio durante siete días ante una información tan seria y no la comunicó de inmediato a las autoridades? Se le cae la careta al tigre de papel.
¡FALSO! Como autora de proyecto de ley ANTIFRACKING, voy a desmentir cada una de las barbaridades dichas en este nefasto video:
1. El fracking sostenible no existe. Es falso. Están documentados todos sus daños. No hay versión limpia ni controlada de esta práctica.
2. Colombia es el segundo país más biodiverso del mundo. Hacer fracking aquí significaría asesinar millones de animales. Un dato que usted parece desconocer o ignorar convenientemente.
3. Hablan de control del metano como si fuera posible. Entre el 3,6% y el 7,2% del gas metano producido por el fracking se escapa a la atmósfera por fugas en los pozos. El metano tiene un potencial contaminante 86 veces mayor que el dióxido de carbono. Su impacto en el calentamiento global es devastador.
4. Los territorios donde harían fracking incluyen el Magdalena Medio, una región que alberga ecosistemas únicos y especies emblemáticas como el jaguar y el manatí. Del bosque original solo queda el 15%. Y quieren destruir lo que queda.
¿A eso le llaman fracking sostenible? Una práctica que se traduce en deforestación, contaminación de acuíferos, desplazamiento de comunidades y especies, uso desmedido del agua y contribución directa al cambio climático. Sin contar la violencia que desatará la codicia por el dinero del petróleo.
Y para terminar: cuéntenle al país por qué esconden a Abelardo y lo mandan a usted a dar las entrevistas. Ya se dio cuenta de que todo lo que dice ese engañabobos es puro populismo sin sustento.
Al final Abelardo representa lo que la gran mayoría de colombianos sueña: hacerse millonarios sin importar cómo y gritárselo al mundo de las formas más mañés posibles.
Gente.....seamos sinceros. Abelardo no necesita un plan de gobierno,ni tampoco un discurso político,el mismo lo dijo en su entrevista,sus seguidores no les importa eso. Es un hombre que hizo su campaña desde el odio,la violencia y eso...refleja al país
#votaciones
Mi yo de 14 años probablemente no habría entendido en ese momento lo abominable de esta situación si le hubiera tocado vivirla.
Ahora, con 27 años, entiendo perfectamente lo abominable que es.
Que un padre presente a su hija y a sus amigas menores de edad ante un hombre adulto y les insista, por no decir que les ordena, que bailen para él, como si fueran muñecas destinadas a entretenerlo, es profundamente, repito, abominable. Y más encima exponer la escena frente a miles de personas: abominable.
¿Qué necesidad? Yo sé: el espectáculo y la polémica para tener likes que ojalá se transformen en votos. Pero ¿qué necesidad de involucrar a niños y niñas? ¿Es que el desespero es tanto? Los niños y las niñas siempre son un límite.
La incomodidad y el desconcierto de ellas es evidente. Genuinamente, espero que Abelardo de la Espriella aprenda algo de las críticas que ya le deben estar lloviendo por esto y no vuelva a poner a su hija en una situación como esta. Y espero que, cuando ella tenga mi edad, no tenga que mirar atrás y darse cuenta de lo abominable que fue todo esto.
Básicamente Abelardo de la Espriella no deja que Westcol lo entreviste. Le corta todas las preguntas, termina entrevistándolo, pero tampoco le deja terminar sus ideas. Le mete una publicidad de Rappi y le lambonea para guiar la conversación.
Astuto Abelardo. Westcol está quedando como un pendejo.
Perdimos a nuestros dos abuelos con días de diferencia. Un golpe inmenso, un dolor que no se puede explicar. El 2 de julio fueron las exequias de mi abuelita Tita.
Hoy, 12 de julio, #GrupoRecordar aún no nos entrega sus cenizas.
#GrupoRecordar Nos prometieron que estaría todo listo a los 8 días. Fuimos… y no fue así. La asesora no responde, la empresa no soluciona, y nosotros seguimos con el alma rota. No hemos podido depositarla junto a su esposo, Tito, en la jardinera que estamos pagando.