Esther Muñoz es la furia sin cerebro, la ordinariez con escaño, la grosería convertida en discurso político. No debate, embiste. No argumenta, escupe. No razona, insulta. Es el tipo de personaje que confunde la mala educación con la valentía, la chabacanería con la contundencia, el grito con la elocuencia. Se mueve en la política como un toro desbocado en una cacharrería, derribando todo a su paso sin más propósito que hacer ruido y llamar la atención. Su verbo es tosco, su ingenio inexistente y su papel, el de agitadora de taberna sin taberna. Hay en ella la rabia de quien sabe que nunca tendrá ni talla ni talento, pero compensa con aspavientos su vacío.
Un artista palestino pintó un mural de Lamine Yamal sobre las ruinas de una vivienda destruida en Gaza.
La más bella celebración de esta 🏆 del 🌍 no tuvo lugar en el MetLife Stadium.
Fue entre los escombros de un país que intentó destruir Israel y que hoy resiste. 🇵🇸⭐⭐🇪🇸
@likefolklove@rslstan Gracias a España y al Barça que le dieron el tratamiento que necesitaba para crecer,si no estaría animando las fiestas de cumpleaños de Yamil.🖕😂😂