No traigan hijos al mundo si no les van a preguntar cómo les fue en la escuela, si no van a compartir tiempo con ellos, si no los van a escuchar de verdad. Acompañarlos, motivarlos y hacerles sentir lo valiosos que son. Porque ni el celular ni la tablet reemplazan un abrazo.
Cuando era chico Leandro Paredes soñaba con todo esto, se fue de muy pibe, salió campeón del mundo y volvió para darle alegría a su hinchada.
Respeto eterno.