No estoy a favor de una dolarización porque me guste el dólar, sea pro yanqui o quiera someterme a los dictados de la Reserva Federal. Ninguna de estas características me describe.
Estoy a favor, primero, porque desde hace décadas es la verdadera moneda de los argentinos a pesar de las interdicciones, penalidades y regulaciones que nos han impuesto sucesivos gobiernos para evitar que podamos protegernos contra la inflación.
Segundo, porque mientras que el partido político mayoritario de la Argentina constituya una amenaza existencial a cualquier régimen monetario-fiscal consistente con la estabilidad de precios, y sea necesario disputarle el poder en las urnas cada dos años, la estabilidad de precios duradera será una quimera. Esta es la verdadera espada de Damocles que pende sobre la Argentina.
Tercero, porque aunque no es imposible revertir una dolarización, bajo un régimen democrático funcional como el que tenemos sería mucho más difícil hacerlo que revertir cualquier otro régimen monetario. Ergo, es la mejor alternativa para garantizarle la estabilidad monetaria a futuras generaciones de argentinos. No hay certezas, sino probabilidades.
Cuarto, la estabilidad no resolverá todos los problemas de la sociedad argentina, pero es una condición necesaria para poder empezar a resolverlos.
Quinto, porque la emisión del peso es el mecanismo con el que el populismo financia el exceso de gasto público y su devaluación recurrente es lo que permite sobrevivir a un conjunto de actividades económicas ineficientes que son el legado del sistema corporativista-proteccionista que implantó Perón en 1946. Además, la determinación arbitraria de su valor contra el dólar y los controles cambiarios siempre han sido una fuente de corrupción, de lo cual el escándalo de las SIRA es el ejemplo más claro.
Sexto, creo en la plena libertad monetaria. El Estado no tiene por qué imponernos una moneda, especialmente si a lo largo de la historia ha demostrado su incapacidad de preservar su valor, a pesar de que la constitución así se lo exige por su artículo 75 inciso 19.
Hay varias razones más. Pero estas son las más importantes.Para los interesados les recomiendo https://t.co/jOfayWNRfi
Como dice Thomas Sowell no hay soluciones perfectas sino trade-offs. No es que una dolarización no tenga costos, sino que, en la Argentina al menos, sus costos serían más que compensados por sus beneficios.
En otros países estas consideraciones no tienen el mismo peso por lo cual no son necesariamente relevantes.