Que regresen los tiempos donde:
Al perro se le decía perro y no perrhijo
El hijo era tu hijo no tu mejor amigo
Los hijos se les castiga no se les pone a pensar 🙄 y no se traumaban
Los restaurantes son para las personas y no para los animales
Las carriolas son para los bebés
Yo era de esos hombres que juraban no querer tener hijos.
A los 23 años intenté hacerme la vasectomía. El médico, un hombre mayor, me miró con ojos de mil años y me preguntó:
—¿Tienes hijos?
—No.
—¿Te has casado?
—No.
—¿Has vivido con una mujer?
—Tampoco.
Guardó silencio unos segundos, se recargó en su escritorio y me dijo con calma:
—Vuelve en diez años si sigues pensando igual.
Diez años después, mientras sostenía a mi hijo recién nacido —toda inocencia y vulnerabilidad entre mis brazos—, en silencio le di las gracias a aquel médico cuyo nombre ni recordaba por haber tenido más visión que yo… y la sabiduría y la ética de no dejarse llevar por mi impulso.
Porque de haberlo hecho, me habría perdido una de las experiencias más increíbles de la vida: ser papá.
Hoy entiendo, como psicólogo y como hombre, que las mejores decisiones no nacen de las heridas de la infancia, sino de lo que el alma logró sanar con los años, la madurez y la experiencia.
Porque a veces, la vida sabe mejor que uno cuándo es el momento de soltar.
Les digo que a ustedes de verdad ese reality los enloqueció, apaguen el televisor, salgan a recibir sol, encuentren un hobbie que la manera en que están reaccionando a eso no es normal muchaches.