La figura de mi abuela Ana y su progresivo deterioro cognitivo atraviesan el imaginario conceptual y visual del proyecto.
La colección se articula a través de fases que recorren la evolución de la pérdida de memoria, desde los primeros olvidos hasta la desorientación total.
Entre las sobremesas interminables de los domingos, los juegos de cartas después de merendar y los álbumes de fotos guardados en los cajones, esta colección nace de una reflexión sobre todo aquello que desaparece cuando dejamos de recordar.
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