Sin duda no hay malas intenciones en ella, ni busca aprovecharse de nada. Simplemente da mimos a mansalva.
— ¡WOAAAAH! ¿En serio? Qué valiente ¡Y sí sí quiero ir contigo a mimir!
La coneja es la única persona con la posibilidad de tener esos gestos sin que a ella le importe.
—Aún no he ido a dormir. Lo haré en un rato. Si te apetece echar una siesta mañanera luego, ven conmigo.
Va a resfregar la mejilla contra ella, probablemente, sobre el pecho ajeno con la única intención de ofrecer mimos mientras le abraza, hasta que le hizo separarse, se pudo apreciar una mueca triste.
— ¡Dormí muy bien! ¿Y tú?
Se deja abrazar, devolviendo el gesto con mimo, poniendo una manita en la cabeza ajena para darle una caricia antes de volver a poner distancia.
—Eso es. No queremos que te pase nada. ¿Has dormido bien?
Una vez la coneja se ponga en pie, le dejará un besito de bienvenida en la frente.
—Porque vomitarás y te pondrás muy malita de la tripa. Como cuando te comes los muebles y todas las malas hierbas del jardín, pero multiplicado por mil.