Hay partidos que no empiezan cuando rueda la pelota, sino mucho antes, en nuestra infancia, en una sala con la familia, en una camiseta demasiado grande, en la voz de alguien que nos enseñó a gritar un gol antes de entender del todo qué significaba creer.
Hoy México vuelve a tocar esa parte de la vida donde el fútbol se parece menos a un deporte y más a una forma de esperanza compartida; una esperanza torpe, nerviosa, a veces herida, pero siempre viva. Porque alrededor de la Selección no sólo se juntan once jugadores y millones de miradas, se juntan recuerdos, familias, ausencias, calles, promesas, miedos y ganas de que algo bueno nos ocurra al mismo tiempo.
Eso es lo que envuelve este partido, la posibilidad de sentirnos juntos en medio de todo, de volver por un rato a ese lugar donde todavía era fácil soñar. Y quizá por eso importa tanto. Porque hoy México no sólo busca avanzar; busca que ese sueño colectivo siga respirando un poco más.
Te ganamos la Conca en tu estadio hace un año
Tenemos una racha histórica en tu casa que en tus sueños lograrás
Y hoy ganamos la décima en tu cancha con tu afición destruida
Cruz Azul sepultó a Pumas
De esta no se regresa
Hoy se rompe el bucle por fin, me gustaría de verdad celebrar, no se puede. Pero, disfruten campeones. Todos los que me leyeron y estuvieron, son unos campeones.