Siempre creí que la empatía era mi mejor versión y me alegra ser así, pero hay días en que parece una condena. Qué agotador es justificarlo todo y estar para quienes solo se aprovechan. Toca aprender a ser empáticos con uno mismo y aprender a poner límites.
Si ya sabía que la vida era un suspiro, ahora me queda más claro. Por eso elijo priorizar la paz y el amor, dejando atrás rencores. No quiero callar lo que siento porque somos seres de paso. A quienes hice daño, pido perdón; a quienes me hirieron, los he perdonado.
Recordatorio de hoy: Está bien amar a alguien y admitir que la dinámica ya no te da paz. Esa molestia que sientes no es capricho, es tu dignidad avisándote que no naciste para rendirle pleitesía a nadie. Mereces un amor equilibrado, donde el respeto vaya de ida y vuelta.
Cuando decides no entrar en el drama ajeno, estás estableciendo un límite necesario. Hay una diferencia enorme entre ser un apoyo y convertirte en un basurero emocional.