○ Carta abierta al senador Iván Cepeda
Senador @IvanCepedaCast :
Usted ha anunciado que ocupará la curul que la Constitución reserva al segundo candidato en la elección presidencial, pero al mismo tiempo sostiene que no reconoce la legitimidad del presidente elegido por ese mismo proceso electoral.
Su posición plantea una pregunta que merece una respuesta clara, no un eslogan político.
¿Qué criterio objetivo permite aceptar como legítima la asignación de la curul derivada de la elección presidencial y, al mismo tiempo, negar la legitimidad del presidente elegido mediante ese mismo proceso?
No es una pregunta retórica. Es una cuestión de coherencia institucional.
La curul que usted ocupará no proviene de una elección independiente. No fue producto de un escrutinio distinto, de unas urnas diferentes ni de una autoridad electoral paralela. Nace exactamente del mismo acto jurídico y democrático que produjo la elección presidencial.
Si ese proceso conserva suficiente legitimidad para convertirlo a usted en senador, ¿por qué deja de ser legítimo cuando convierte a Abelardo de la Espriella en presidente?
Si existieron irregularidades capaces de anular la legitimidad del proceso, entonces deberían afectar todos sus efectos jurídicos, incluida su propia investidura. Pero si esas irregularidades no invalidan la asignación de su curul, ¿con qué fundamento invalidan únicamente la elección presidencial?
No puede sostenerse simultáneamente que el árbol está podrido y que uno de sus frutos sigue siendo perfectamente válido.
En una democracia constitucional la legitimidad no puede administrarse por conveniencia política. No es un principio que se activa cuando favorece una causa y se suspende cuando beneficia al adversario.
Usted tiene todo el derecho de ejercer una oposición firme, severa e incluso implacable. Tiene derecho a fiscalizar al nuevo gobierno, denunciar abusos, promover debates de control político y acudir a las instancias judiciales cuando considere que existen fundamentos para ello.
Lo que resulta difícil de sostener es una tesis según la cual el mismo proceso electoral es suficientemente válido para conferirle derechos políticos a usted, pero insuficientemente válido para conferirlos a quien obtuvo la mayoría de los votos.
La democracia exige aceptar dos reglas básicas: el derecho a impugnar y el deber de demostrar.
Si se afirma que un presidente carece de legitimidad, la carga de la prueba no puede descansar en sospechas, consignas o desacuerdos ideológicos. Debe descansar en hechos verificables, evidencia objetiva y decisiones adoptadas por las autoridades competentes.
De lo contrario, el concepto de legitimidad deja de ser una categoría jurídica o política para convertirse en una simple herramienta de conveniencia.
Colombia necesita una oposición vigorosa. Pero necesita aún más una oposición intelectualmente consistente.
Por eso la pregunta sigue abierta.
¿Cuál es el criterio objetivo que convierte en legítima su curul y, simultáneamente, ilegítima la Presidencia surgida del mismo proceso electoral?
Mientras esa respuesta no exista, la contradicción no será del sistema electoral. Será de su argumento.