Ayer terminé The Boys, me gustó el final (algo predecible), pero siento que la tercera temporada sigue siendo la mejor y la más emocionante de toda la serie, seguida por la temporada 1
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Después de la eliminación de México del Mundial…Lo que más vamos a extrañar… no son los partidos.
No son los goles. No son los estadios llenos. No son las alineaciones ni las discusiones de cada noche.
Lo que más vamos a extrañar es esa sensación tan rara y tan hermosa de ver a todo un país sintiendo exactamente lo mismo al mismo tiempo.
Los gritos que se escuchaban desde cada casa. Los abrazos con desconocidos. Las familias reunidas frente al televisor. Los mensajes que no dejaban de llegar. La esperanza de que, esta vez sí, podíamos seguir soñando.
Durante unas semanas dejamos de lado nuestras diferencias. No importaba de dónde eras, a qué te dedicabas o qué pensabas. Éramos millones de mexicanos celebrando cada gol, sufriendo cada jugada y creyendo hasta el último segundo.
Pero duele todavía más porque, con el silbatazo final, también termina esa magia que solo un Mundial puede provocar: ver a un país entero unido por un mismo sueño.
Ojalá no tengamos que esperar otros cuatro años para volver a sentir algo así. Porque, al final, lo más valioso nunca fue el fútbol.
Lo más valioso fue ver a millones de mexicanos recordando que, cuando soñamos juntos, no hay nada que nos haga sentir más cerca unos de otros.
Pues si, nos fuimos en octavos otra vez, pero al menos fue un partidazo y la Selección jugó muy cabrón todo el mundial. La mejor actuación de México que me ha tocado ver en un mundial. Tenía mucho de no vivir así un torneo de fútbol. Gracias @miseleccionmx 👏🏼🇲🇽
Yo pensando que hoy le ganamos a Inglaterra y nos vamos a cuartos contra Brasil, y le metemos un 2-0 y nos vamos a las semis contra Argentina a saldar cuentas pendientes, y les ganamos 1-0 con gol de Morita al minuto 98.
Entonces llegamos a la gran final vs. Portugal, en un partido tenso y trabado. Y entonces llega el medio tiempo y, a medio show, sale de abajo del escenario, vivito y coleando, el mismísimo Juan Gabriel y dice: "¿Y si sí?". Toda la gente enloquece y empieza a cantar "Hasta que te conocí".
De pronto se abren las pantallas del estadio y aparecen Jenny Rivera y Valentín Elizalde anunciando una gira mundial junto a Joan Sebastian. El estadio se viene abajo. Toda la selección se motiva, sale al segundo tiempo súper motivada y se destapa.
Con goles de Quiñones, Raúl y Morita, sellan el campeonato y, por fin, la primera se viene a México. Las celebraciones son como nunca: la gente sube hasta arriba del Ángel, hay doctores Simi bailando en todos lados, los extranjeros vuelan, se declara el 19 de julio como día festivo, se crea el segundo grito, nos organizamos y recuperamos Texas.
Dos días después regresa Chespirito para dar el Grito de Independencia, se descubre que el Metro sí funcionaba bien pero nadie lo había reiniciado, desaparecen las llamadas de spam, bajan las tortillas a 10 pesos el kilo y el SAT manda un comunicado diciendo: "Esta vez nosotros invitamos".
🇲🇽
En muchas iglesias protestantes encontrarás una cruz vacía.
En muchas iglesias católicas encontrarás un crucifijo con la imagen de Cristo.
Y algunos preguntan:
“¿Por qué mostrar a Jesús en la cruz si ya resucitó?”
La respuesta es sencilla.
Los católicos creen firmemente en la Resurrección.
Pero tampoco quieren olvidar el precio de la salvación.
San Pablo escribió:
“Nosotros predicamos a Cristo crucificado”.
No dijo solamente a Cristo resucitado.
Porque la cruz revela hasta dónde llegó el amor de Dios por la humanidad.
El crucifijo no significa que Jesús siga sufriendo.
Significa que jamás debemos olvidar lo que hizo por nosotros.
Y pensemos algo profundo.
Vivimos en una cultura que quiere resultados sin sacrificio.
Victoria sin lucha.
Gloria sin entrega.
Pero el Evangelio muestra algo distinto.
Antes de la Resurrección vino el Calvario.
Antes de la corona vino la cruz.
Por eso el crucifijo sigue recordando una verdad incómoda y hermosa:
Nuestra salvación tuvo un precio.
Y ese precio fue el amor de Cristo entregado hasta el extremo.
Aprendamos a ser ricos de otra manera: más atentos a las relaciones, más comprometidos con el bien común, más apegados a nuestro territorio, más agradecidos a la hora de acoger e integrar a quienes vienen a vivir con nosotros.