Nadie se encuentra dos veces a la misma persona.
En el universo de cambio constante,
no hay dos encuentros iguales;
fluir de río somos, siempre en constante baile.
Cada día nos transforma, con su sol y su llover,
cuando nos volvemos a ver, ya no somos los de ayer.
Bajo el solo de cada amanecer, cambia nuestra piel,
experiencias y tiempo nos moldean, en eterno carrusel.
Así que, en cada mirada, en cada encuentro nuevo,
recuerda que no somos un punto fijo, sino proceso.