No hay duda que la marrana parada @DavidPramo2 en una demostración por succionarle la pistola a la perrita de Trump @RicardoBSalinas nos brinda una lección de ignorancia y sumisión ante su patrón.
Ojalá nos explicara cómo el autodenominado defensor de los empresarios terminará afectando a muchos otros empresarios a quienes simplemente ya no les puede pagar.
En un concurso mercantil, para intentar salvar su empresa, buscará reestructurar sus deudas en las condiciones que le resulten más convenientes. Mientras tanto, los acreedores (muchos de ellos también empresarios) tendrán que aceptar quitas, plazos más largos o nuevas condiciones de pago para no perderlo todo.
Es decir, quienes administraron mal una empresa intentarán rescatarla trasladando parte del costo a otros negocios que sí cumplieron con sus obligaciones. Esa es una realidad de estos procesos y también merece ser explicada.
Hay momentos en los que un país deja de mirarse con desconfianza y vuelve a reconocerse en el espejo. Este Mundial fue uno de ellos.
Por unos días recordamos quiénes somos.
No éramos la derecha ni la izquierda. No éramos el norte ni el sur. No importaban los partidos, las ideologías o las diferencias que tantas veces nos dividen. Éramos, simplemente, mexicanos.
Y entonces apareció el México que nunca se fue, el que vive en la gente.
El México de las mujeres y los hombres que trabajan sin descanso; de quienes convierten la adversidad en esperanza; de quienes hacen mucho con muy poco y, aun así, siempre encuentran espacio para compartir. El México que entiende que la riqueza no está en lo que se posee, sino en lo que se entrega.
El mundo volvió a encontrarse con ese pueblo que abre la puerta de su casa como si abriera el corazón. Con ese pueblo que no pregunta de dónde vienes para hacerte sentir bienvenido. Con ese México que convierte una comida en una celebración, una conversación en amistad y un abrazo en un idioma que cualquiera puede entender.
Porque nuestra grandeza nunca ha estado solamente en nuestros paisajes, en nuestras pirámides o en nuestra extraordinaria gastronomía. Nuestra verdadera grandeza siempre ha sido nuestra gente.
Somos un país de aromas que cuentan historias, de colores que no caben en una bandera, de canciones que nacen del alma y de tradiciones que han sobrevivido al tiempo porque viven en el corazón de quienes las heredan.
Somos hijos de un pueblo que aprendió a levantarse después de cada caída. Que conoce el dolor, pero también la esperanza. Que jamás ha confundido la humildad con la sumisión. Un pueblo que puede doblarse por el peso de la vida, pero que nunca se arrodilla.
Y quizá eso fue lo más hermoso de este Mundial: nos recordó que, cuando dejamos de gritarnos para empezar a abrazarnos, descubrimos que siempre hemos estado del mismo lado.
El lado de México.
Ojalá nunca olvidemos esa imagen. Ojalá entendamos que el verdadero triunfo no consiste en ganar un campeonato, sino en reconocernos otra vez como un solo pueblo. Porque las naciones más grandes no son las que levantan más trofeos, sino las que son capaces de levantar a su gente.
Gracias, México, por recordarle al mundo quién eres.
Gracias por tu sencillez, que jamás ha sido sinónimo de pequeñez. Gracias por tu hospitalidad, que convierte a los extraños en amigos. Gracias por tu generosidad, que comparte sin hacer cuentas. Gracias por enseñarnos que la dignidad no se presume: se vive.
Que nunca dejemos de abrazar al mundo con la misma calidez con la que abrazamos nuestra tierra.
Porque mientras exista un mexicano dispuesto a tender la mano, a compartir el pan, a defender su historia y a amar profundamente esta patria, México seguirá siendo mucho más que un país.
Seguirá siendo un hogar para el mundo.
Hay momentos en los que un país deja de mirarse con desconfianza y vuelve a reconocerse en el espejo. Este Mundial fue uno de ellos.
Por unos días recordamos quiénes somos.
No éramos la derecha ni la izquierda. No éramos el norte ni el sur. No importaban los partidos, las ideologías o las diferencias que tantas veces nos dividen. Éramos, simplemente, mexicanos.
Y entonces apareció el México que nunca se fue, el que vive en la gente.
El México de las mujeres y los hombres que trabajan sin descanso; de quienes convierten la adversidad en esperanza; de quienes hacen mucho con muy poco y, aun así, siempre encuentran espacio para compartir. El México que entiende que la riqueza no está en lo que se posee, sino en lo que se entrega.
El mundo volvió a encontrarse con ese pueblo que abre la puerta de su casa como si abriera el corazón. Con ese pueblo que no pregunta de dónde vienes para hacerte sentir bienvenido. Con ese México que convierte una comida en una celebración, una conversación en amistad y un abrazo en un idioma que cualquiera puede entender.
Porque nuestra grandeza nunca ha estado solamente en nuestros paisajes, en nuestras pirámides o en nuestra extraordinaria gastronomía. Nuestra verdadera grandeza siempre ha sido nuestra gente.
Somos un país de aromas que cuentan historias, de colores que no caben en una bandera, de canciones que nacen del alma y de tradiciones que han sobrevivido al tiempo porque viven en el corazón de quienes las heredan.
Somos hijos de un pueblo que aprendió a levantarse después de cada caída. Que conoce el dolor, pero también la esperanza. Que jamás ha confundido la humildad con la sumisión. Un pueblo que puede doblarse por el peso de la vida, pero que nunca se arrodilla.
Y quizá eso fue lo más hermoso de este Mundial: nos recordó que, cuando dejamos de gritarnos para empezar a abrazarnos, descubrimos que siempre hemos estado del mismo lado.
El lado de México.
Ojalá nunca olvidemos esa imagen. Ojalá entendamos que el verdadero triunfo no consiste en ganar un campeonato, sino en reconocernos otra vez como un solo pueblo. Porque las naciones más grandes no son las que levantan más trofeos, sino las que son capaces de levantar a su gente.
Gracias, México, por recordarle al mundo quién eres.
Gracias por tu sencillez, que jamás ha sido sinónimo de pequeñez. Gracias por tu hospitalidad, que convierte a los extraños en amigos. Gracias por tu generosidad, que comparte sin hacer cuentas. Gracias por enseñarnos que la dignidad no se presume: se vive.
Que nunca dejemos de abrazar al mundo con la misma calidez con la que abrazamos nuestra tierra.
Porque mientras exista un mexicano dispuesto a tender la mano, a compartir el pan, a defender su historia y a amar profundamente esta patria, México seguirá siendo mucho más que un país.
Seguirá siendo un hogar para el mundo.
¡Por favor! Es solo un partido de fútbol, nada más que eso. Es una lástima que tu objetivo parezca ser alimentar el odio; todo lo demás es una verborrea inútil y completamente subjetiva.
Los políticos ya nos han dividido demasiado. No permitamos que una pelota también lo haga. Somos pueblos hermanos, latinoamericanos, y eso debería ser lo verdaderamente importante.
Mejor promovamos la empatía y el respeto. Somos muchos más los que entendemos que 22 personas corriendo detrás de un balón no definen a un país, a un pueblo ni a una raza.
¡Viva Ecuador y viva México!
@CaroBeauregard Cuando se tiene 💩 en la cabeza , que más podría salir de esa boca , eres tonta o que?
Una vergüenza tu estúpido intento por descalificar, por favor hazte un favor e investiga @CaroBeauregard
@ExpansionMx@NachoRgz@Lidstelle Jajaja lugar equivocado para esto, apuesto lo que quieran que la mayoría de los asistentes al zócalo, ese pañuelo solo lo usarán para seguir secando las lágrimas de los opositores al gobierno.
La congruencia también se demuestra con acciones. En lugar de ocupar un lugar privilegiado en un espectáculo inaccesible para la mayoría de los mexicanos, la presidenta @Claudiashein optó por compartir la emoción del Mundial con el pueblo que la respalda. Un mensaje claro: el fútbol es para todos, no sólo para quienes pueden pagar boletos de miles de pesos.
Lo tuyo @monicagarzag únicamente es un torpe intento por escandalizar y dramatizar, obviamente encargado por el misógino de tu patrón .
@alitomorenoc Tienes un año para largarte del PRI @alitomorenoc , si quieres seguir soñando que esto pudiera suceder .
Si no , sería como estar enfermo de tos y contagiarte por gusto de gonorrea .
Eres patético !!!
@MirandaArturo66@JorgeArmandoR_ Solo publicaste una estupidez, no hay argumento que sostenga lo que comentas, pero si quieres debatir , acerca de los mexicanos vende patrias , aquí estoy , éntrale sin miedo .
@SergioSarmiento La opinión de esta jirafa @cayetanaAT nos importa más o menos …. Nada!!
Ojala que aplaudidor español @SergioSarmiento, ya tenga listas sus maletas para irse a España , quizá allá alguien valore tu estupidez.
@g_quadri Tu vete a cobrar tu pensión del bienestar , viejillo decrépito , como dicen ," lo malo de volverse viejo es que te vuelves pendejo " contigo aplica perfecto .
La traición siempre ha tenido defensores. Lo novedoso es que ahora también tiene agencias de publicidad.
Hoy quieren convertir a Maru Campos en heroína y mañana en presidenta.
El problema es que hay cosas que ni toda la propaganda del mundo puede borrar.