Me siento desconectada de un montón de cosas y personas que antes amaba, y por primera vez entiendo que quizás no está mal. Todos cambiamos, todos crecemos y, a veces, simplemente dejamos de sentirnos plenos en lugares, vínculos o circunstancias que antes nos hac��an felices.
A medida que pasa el tiempo, más entiendo por qué la gente se sumerge en la jardinería, la repostería, la lectura y largos paseos. No porque la vida se volviera aburrida. Porque la paz se volvió valiosa.
Ser una chica que entrena es una locura.
Una semana estoy convencida de que estoy grande, definida y una máquina de fuerza.
La siguiente semana estoy hinchada, cansada y me siento como una papa.
Amigos oren mucho, pídanle a Dios que los cuide, hay personas que no siente envidia de las cosas materiales, sienten celos de tu aura, de tu personalidad, de la forma en que la que el universo te sonríe. Son cosas que el dinero no puede comprar.