Ilenko Romanov no necesitaba un trono para verse como un rey.
Desnudo entre sábanas oscuras, con la mirada fría y peligrosa clavada en la habitación, parecía la definición exacta de poder, tentación y pecado. Su presencia llenaba la cama como si todo a su alrededor le perteneciera: el silencio, la noche… y cualquier corazón lo bastante imprudente para acercarse.
Ilenko no era un hombre para amar en calma.
Era un peligro vestido de deseo, incluso cuando no llevaba nada.
El agua caía sobre su piel como si también quisiera rendirse a él, resbalando por sus hombros, por su pecho firme, por cada línea marcada de su cuerpo. Su cabello oscuro estaba húmedo, su mirada tenía esa intensidad peligrosa de quien sabe exactamente el efecto que provoca.
No necesitaba decir nada.
Christopher Morgan era esa clase de tentación que no se olvida: elegante, dominante, irresistible… y demasiado peligroso para mirarlo sin querer acercarse.
Christopher Morgan y Rachel James dominan la escena con una química imposible de ignorar. Él, imponente, de mirada firme y presencia magnética; ella, deslumbrante, segura de sí misma, con una sensualidad natural que envuelve todo a su alrededor. Juntos proyectan deseo contenido, tensión elegante y una conexión que se siente peligrosa, adictiva y absolutamente irresistible.