Clavito Godoy
*Perfil publicado en "Secretos de camarín". Mi primer libro, en 2002.
Hernán Godoy Véliz tuvo tres matrimonios y cuando cumplió 61 años soñó que se iba a morir en una cancha de fútbol. A esa altura estaba viviendo sólo junto a un cuñado, al lado del estadio de Audax Italiano, equipo del que fue director técnico en cuatro oportunidades. El fútbol, su gran obsesión, le arrebató casi todo lo demás, salvo el afecto de sus hijos. Una vez que lo echaron de un club, su segunda esposa quiso obligarlo a comprarse un auto para que lo trabajara como taxi “y, bueno, ahí no más se terminó la relación”.
Godoy es de aquellos hombres que mueren con las botas puestas. Si como futbolista fue apenas del montón, como DT abrió su propia escuela. Ha sido el más sincero de los entrenadores chilenos y uno de los más inteligentes. Sus principios: di lo que piensas, haz lo que sientes, juega como te dé la gana. En su variada trayectoria acumuló historias como para escribir su propio libro, siempre reforzado por su espíritu indomable.
A él nadie le pudo venir con peros: “En una ocasión en Los Andes, se me arrancaron dos jugadores de la concentración, Droguett y el Cholga Díaz. Los fui a salvar y los encontré con un fifí, así que les di un puñete a cada uno y me los llevé de vuelta. Años después, en Penco, yo venía con un saco de mariscos y un taxi se ofreció para llevarme. Era el Cholga. Y cuando le fui a pagar me dijo: Profe, cómo me va a pagar. Yo sé que lo hice pasar rabias, pero si lo hubiera tenido antes…”. Este Hernán Godoy, comprensivo y pendenciero, siempre tuvo claro cuál era el camino más corto para entenderse con sus dirigidos: “Me gusta hacer de todo. De sicólogo, de amigo. Chacoteo, les cuento anécdotas, tallas. Y cuando hay que gritar, se grita. Si hasta les hablo en coa y los huevoneo para que me entiendan. Lo que yo busco es que se despierten, que no se achiquen”. Una de las mejores definiciones acerca de su estilo la dio Marcelo Zunino, eterno central de Audax, quien lo retrató como “misceláneo”.
Lo de Clavito se lo ganó cuando era niño. Nació en San Félix, al interior de Vallenar, y nunca dejó de notar las permanentes ausencias de su padre. “La verdad es que lo veía muy poco. Él era arriero se iba por periodos largos a la cordillera. Después volvía con animales y los carneaba para la venta en el pueblo”, contó Godoy en una entrevista a La Nación. Ahí mismo explicó lo de su sobrenombre, que le fue colgado en su época de internado en Vallenar: “Tenía un compañero que había estudiado en la Naval y era un dibujante macanudo. Como yo tenía el pelo bien cortito me dibujaba en la pizarra vestido de futbolista y con clavos en la cabeza. Ahí nació lo de Clavito. Después nunca supe nada de él, no sé si estará vivo. El caso es que de ahí no me saqué más el apodo”. De aquella época es también su fama de “polvorita”. Godoy no ha dejado de reconocerlo: “Cuando chico me metí en peleas como todos. No puedo negar que me gustaba, sí, porque en el internado me ponía los guantes por cualquier moneda".
Como futbolista se puso la camiseta de once equipos. Se pasó diez años en Centroamérica: Guatemala, Honduras, El Salvador y Costa Rica. Su mejor campaña la hizo en el Comunicaciones de Guatemala, donde tras su partida eliminaron la camiseta número nueve, como homenaje. En Chile le faltó suerte para triunfar y estuvo a punto de ver cumplido su sueño de jugar en Colo Colo, cuenta: “Miguel Mocciola me llamó para jugar en el Colo. Llegamos a un acuerdo, dormí feliz, viajé a mi tierra, Vallenar. Recuerdo que esto sucedió un 23 de diciembre. El 24 murió don Miguel. No lo podía creer”.
En la cancha era técnico y aguerrido. Andrés Albuquerque, en un perfil que le hizo en La Tercera. apunta que “el mejor adjetivo para definir a Clavito Godoy es brioso. Se caracterizaba por su fuerza y temperamento, por olfato goleador y buen cabezazo. Un centrodelantero adelantado a su época por los problemas que les daba a los defensas en la salida". Hacia el final de su carrera lo acosaron las lesiones, pero se resistió a dejar de jugar incluso en los peores momentos. “Yo me inyectaba los tobillos para no perder mi camiseta. Siempre sentí el orgullo y el desafío de ser titular, por eso me infiltré con corticoides hasta que me hice mierda”. En ese tiempo, como no había cámaras de televisión, los zagueros eran rudos, pero Clavito Godoy no podía llamarse Clavito Godoy sin tomar desquite de tales afrentas: “Cuando los defensas me pegaban mucho sacaba un alfiler que llevaba escondido en las canilleras y se los clavaba a la primera ocasión. Después lo botaba y el árbitro no se daba ni cuenta. En ese tiempo era distinto. Bueno, tal vez por eso hoy me siento identificado con ese tipo de jugador, el que tiene pillería, astucia, inventiva”. Godoy, desde sus inicios, era estudioso y observador. Mientras jugaba en La Serena, su primer club, se tituló de profesor en francés. Ya antes de retirarse decidió ser entrenador. Hizo sus primeros cursos en El Salvador y consiguió el cartón en Francia, además de hacer unos cursos de perfeccionamiento en Florencia. El Audax 81, el de Juan Carlos Letelier, fue el mejor equipo a su cargo y llegó a disputar la final de la Copa Polla Gol contra Colo Colo. Entonces “algunos malintencionados que nunca faltan” empezaron a decir que el Audax de Clavito Godoy “volaba” en la cancha: “Me crucificaron injustamente. No sé cómo nació, pero comenzaron a decir que nosotros corríamos mucho. Lo que pasa es que yo venía de Italia y Francia y traje la marcación hombre a hombre. Acá dijeron, puta, si lo único que hace este es pichicatearlos. Y vean si alguna vez un jugador mío salió con doping positivo. Lo único que les colocábamos a los muchachos era neurobionta y calcio. El resto era entrenamiento. Fuimos de los primeros en trabajar en doble jornada”. Alguna vez fue mencionado su nombre entre los candidatos a la Selección, pero nunca pasó nada. Tampoco se sentó jamás en la banca de uno de los equipos grandes del fútbol chileno y al final no le importó demasiado. Se cambió veinticinco veces de equipo y, además de sus cuatro capítulos audinos, también tuvo otras cuatro estaciones en Arica: “Es que yo siempre he sido derecho para mis cosas. Siempre cobré hasta el último día trabajado en un club, nada más. Así que dejé buena imagen en todas partes. Por eso me llamaron tanto de Audax y Arica”.
Su famosa pizarra recién fue descubierta en 2002 por un sabueso de La Tercera. Pero el accesorio lo venía manejando desde sus primeros años de entrenador: “Tengo archivadas casi todas mis pizarras. Muchas son de los 80. La verdad es que siempre hago dos pizarras. Una con las virtudes del rival y otra con sus defectos. Sólo les muestro a mis jugadores esta última, porque necesito motivarlos, hacerlos sentirse capaces de ganarle a cualquiera. Les digo 'ése es tieso, es tan tronco que, si llueve, hasta le salen ramas'. Ya el día lunes se la presento al equipo para que le vayan tomando el pulso al partido. Cuando entran a la cancha, mis jugadores ya tienen que estar como leones dispuestos a devorarse un animalito indefenso. Pero no es para hacer mofa de los contrarios. Son cosas de camarín y tienen que quedar ahí. Es como si el ginecólogo anduviera contando lo que vio en una paciente”.
La verdad sea dicha, algunas de las últimas peleas protagonizadas por Clavito Godoy han sido de muy escasa importancia. Su leyenda de buscapleitos empezó cuando dirigía a Atacama en 1983, cuando fue a reclamarle a un guardalíneas, este le pegó con su banderola, apareció el árbitro en defensa de su asistente y el técnico de sangre caliente lo derribó de un puñetazo. “Yo tengo el récord del castigo más largo del fútbol chileno. Me dieron treinta fechas, que era la sanción máxima. Dije que no iría al tribunal, porque era como el juicio de Nuremberg, y me tiraron dos fechas más por rebeldía”. Antes de eso, en todo caso, cruzó guantes con uno de sus jugadores. Pocos conocen ese relato de sus comienzos como director técnico: “Ocurrió en el campeonato de reservas. Con el Audax le ganábamos 2-0 a la Unión, que era un equipo fuerte entonces, al término del primer tiempo. Entonces decidí poner a un juvenil, Javier Longa, que estaba sacando un puzzle y comiendo maní en la banca. Entró totalmente desconcentrado y perdimos 3-2. Al final le pedí disculpas al equipo, por haber puesto al huevón de Longa, les dije. Todavía no terminaba de hablar cuando me llegó una tremenda trompada que me mandó debajo de la mesa de masajes. No me aguanté. Eché a todo el mundo para afuera del camarín y me encerré solo con él. Le saqué la cresta, pero me dejó un ojo en tinta”.
Después, hacia el final de su carrera, le sacaron varias veces los choros del canasto. Un doctor de Santiago Morning le dijo “pichicatero” luego de un partido polémico y él lo apaciguó con un puntete en la canilla. Y en Temuco, tras darle un manotazo y tirar lejos el celular de un porfiado reportero radial, le llegó una patada a la maleta que fue televisada a todo Chile. Nibaldo Mosciatti, en su columna A vista y paciencia de Las Últimas Noticias, definió así sus prestaciones pugilísticas: “Godoy ha sido siempre de epítetos gruesos, de patochadas infantiles, de yugular a punto de estallar y manotazos ligeros. Es de esos que de improviso se ponen colorados, pareciera que van a reventar y quieren arremeter contra el que esté delante. Por eso, juzgar a Clavito a estas alturas de su vida es, en sí mismo, una injusticia”.
En otra de sus facetas, Godoy se ha preocupado especialmente por la actividad extraprogramática de sus jugadores. Siempre dirigió en clubes con pocos recursos y enfrentó precariedades junto con sus pupilos. Y por supuesto: equipo chico, infierno grande. De modo que Clavito se convirtió en salvador de ángeles caídos. Sus regalones más duros de roer han sido Hernán Castro, Víctor Cabrera y Mauricio Cataldo. Al Indio Castro lo mantuvo como pudo dentro del fútbol, pese a las reiteradas tentaciones de la marihuana. Al talentoso Cataldo, su último proyecto, lo hizo enfrentarse con el alcohol y le consiguió varias oportunidades para seguir en Audax. Pero el más difícil fue el Pititore Cabrera, farrero entre farreros. “En realidad, es difícil hacer que cambie un jugador que viene con problemas desde el barrio. Al Indio Castro apenas pude ayudarlo. He sabido que terminó trabajando en la construcción y me da pena. Al Pititore lo saqué goleador del torneo en 1983. Lo tuvo todo para triunfar, pero era un chico de la calle, vivía del neoprén. El Punto Silva lo recogió en Quillota, le enseñaron a comer y a jugar. Fue a Colo Colo. Me lo llevé a Concepción y después a Atacama. Y siempre le costó portarse bien. Una vez teníamos que jugar en Antofagasta y él inventó una lesión porque se estaba organizando la semana copiapina. Hasta se hizo enyesar. Cuando nos fuimos se sacó la bota de yeso, jugó partidos de baby-futbol, realizó las espectaculares volteretas que lo hicieron famoso y celebró como nunca en la vida. Nosotros perdimos 3-1. Me llamaron los periodistas. Me contaron todo y fui a buscar a Cabrera a su casa. Estaba en una juerga, con mujeres del ambiente, juegos sexuales, fumando hachís. El Piti tenía un loro, al que le había enseñado a decirme garabatos, así que al entrar me gritó Clavo tal por cual. Lo traté de callar y seguía molestando. Entonces me enojé, agarré al loro, lo metí en la taza del baño y tiré la cadena. Y siguió gritando. Después los eché a todos y encaré a Cabrera, que estaba medio dormido. Lo que más me quemó fue que al poco tiempo él apareció con el loro en un entrenamiento. El loro seguía diciendo las mismas barbaridades”.
Pero hacia el final, pese a su espíritu indomable, empezó a sentir cansancio. “Estoy aburrido de pelear con los molinos viento. He sido un quijote. Uno hace el ridículo, se calienta, se amarga. Capaz que un día me dé un infarto al corazón y me muera en la cancha”, diría después de la enésima trifulca. Sin embargo, continuó peleando.
Pedro Lemebel’s work was mostly unavailable in English until last year, when a collection of his crónicas was released. Lemebel uses humor, vulgarity, acidic commentary, and tenderness to describe the lives of the marginalized people in his society. https://t.co/SgXKdyzmMO
voy a robar todos los años con el mismo vídeo pero alguna vez vieron a una persona más cool? felíz cumpleaños Rosario, daría lo que sea por tomar un café con vos
@Alepin2112 Sobretodo por la inolvidable escena del anciano arrastrando las patas al motel con dos prostitutas de 20 años que admiran su capacidad amatoria y ni siquiera le cobran
Observa este registro inusual entre chucao y pudú registrado en Pumalín 👀🏞️
🔍 Este aspecto desconocido de la interacción entre ambas especies nativas de los ecosistemas del sur de Chile, corresponde a un hallazgo de un trabajo colaborativo e investigaciones desarrolladas por @RewildingChile, @Pantheracats, @CONAF_Minagri y @IForestalUChile, gracias al uso de tecnologías como cámaras trampa para documentar información ecológica instaladas en el Parque Nacional Pumalín Douglas Tompkins. “La creciente disponibilidad y uso de cámaras trampa contribuye a ampliar nuestra comprensión de la historia natural de la vida silvestre en áreas remotas, prístinas y poco conocidas”, señala Liliana Guzmán, autora del estudio e investigadora asociada de @RewildingChile.
📑 Este estudio publicado recientemente en la revista Austral Ecology y titulado “Un chucao obteniendo el pelo de un pudú del sur, Pudu puda (Molina, 1782), en el bosque templado chileno”, describe esta conducta conocida como cleptotriquia, en la que las aves extraen pelo directamente de mamíferos vivos para construir sus nidos, un fenómeno extremadamente raro y pocas veces documentado en la literatura científica. Los investigadores sugieren que este comportamiento podría ser una estrategia adaptativa del chucao para mejorar la calidad de su nido, optimizando el aislamiento térmico en los fríos y húmedos bosques templados del sur de Chile.
EL FÚTBOL, SU PASION
A 96 años de su nacimiento, mi papá, Andrés Prieto vivió por el mundo como jugador y entrenador
A los 18 años debutó con @LaRoja, aquí el gol que anotó vs EEUU en Mundial 1950
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