En la universidad había un profesor que siempre decía lo mismo al final de la clase.
Siempre.
—Cuídense.
Al principio parecía una frase más.
Un día alguien le preguntó por qué siempre lo decía.
El profesor se quedó en silencio unos segundos.
Luego respondió:
—Porque hace años uno de mis estudiantes tuvo un accidente saliendo de clase.
Y desde entonces prefiero recordarlo cada día.
Ese día entendí que a veces una frase repetida…
viene de una historia que casi nadie conoce.
Desde que llegué a vivir a El Salvador hace aproximadamente un año y medio, he aprendido muchas cosas. Pero hay algo que me ha marcado profundamente: la relación que muchas personas aquí tienen con Dios.
Como extranjero y como alemán nacido en Alemania, crecí en una cultura bastante diferente. En muchos lugares de Europa, especialmente en Alemania, muchas veces el valor de una persona se mide por su profesión, su estatus o su éxito profesional. A menudo parece que alguien “es alguien” solo si tiene un buen trabajo, un título importante o una posición alta.
Acá en El Salvador he sentido algo distinto.
Este país es, como todos sabemos, profundamente católico y lleno de personas que creen en Dios y en Jesucristo. Y durante el tiempo que he vivido aquí, he podido ver que para muchas personas su relación con Dios es algo real, algo cercano, algo que forma parte de su vida diaria.
Y eso me ha tocado el corazón.
También debo admitir algo muy personal: desde que vivo acá , mi propia relación con Dios y con Jesucristo se ha fortalecido muchísimo. Vivir en un lugar donde la fe todavía ocupa un lugar importante en la vida de muchas personas tiene un impacto muy profundo.
Algo que admiro profundamente de muchos salvadoreños es que no parece importar tanto si alguien es doctor, abogado, albañil o si trabaja limpiando casas. Al final del día, todos somos personas, todos somos seres humanos y todos tenemos el mismo valor delante de Dios.
Yo no valgo más que nadie.
Y nadie vale más que otro.
Para mí, muchas personas aquí transmiten algo muy especial: una paz interior, una humildad y una confianza en Dios que a veces es difícil de explicar con palabras… pero que se puede sentir.
Y esas son las personas que más respeto:
las que dejan entrar a Dios en su vida y caminan con Él.
Gracias, El Salvador, por recordarme lo que realmente importa en la vida. 🇸🇻🙏
En la universidad había un profesor que siempre decía lo mismo al final de la clase.
Siempre.
—Cuídense.
Al principio parecía una frase más.
Un día alguien le preguntó por qué siempre lo decía.
El profesor se quedó en silencio unos segundos.
Luego respondió:
—Porque hace años uno de mis estudiantes tuvo un accidente saliendo de clase.
Y desde entonces prefiero recordarlo cada día.
Ese día entendí que a veces una frase repetida…
viene de una historia que casi nadie conoce.
El oír tu voz, el mirar tu cara, el sentir tu piel
Y al amanecer
Recorrer tu cuerpo con ansia loca y hacerte mi mujer
Ha hecho que tú mi amor
Tú, tú mi amor
Seas para mí la mujer que soñé
Propuestas de políticas fiscales populistas. Lo malo de tener asesores economicos positivos y no normativos.
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Es una medida temporal, responsable y justa porque el salario ya no alcanza, pero el Estado sigue cobrando igual.