Ronaldo y Ronaldinho son el claro ejemplo de dos brasileños que jamás caerían en las garras de los evangélicos. Tal vez en las garras de los travas sí, pero jamás en las del evangelio.
El profe Ibáñez corrigió a Faitelson cuando aseguró que Messi era el futbolista más veterano en disputar una final de Copa del Mundo. Le recordó que ese récord le pertenece a Dino Zoff.
La respuesta de Faitelson fue decir que los porteros no cuentan, que ellos pueden jugar hasta los 100 años y que él se refería a jugadores de campo.
Cuando un dato no encaja con la narrativa, simplemente cambian el criterio.
Qué desgracia es escucharlo.