Sonrió.
Luzia imitó esa trayectoria por el aire, dejando tras de sí un rastro de luz en espiral.
—¡... NÚMERO ÁUREO!
La mitad de los pingüinos se tornaron dorados cuando sumó su patada a la de Blake, chutando en perfecta coordinación hacia la portería rival.
—¡Maldición!
Le tentó bajar a defender para buscar venganza, pero lo más sensato era volver a subir y recibir el contraataque. Podía confiar en su equipo.
Chasquearía los dedos delante de la morena.
—Blake, eres una goleadora extraordinaria, pero si no tenemos el balón no hay manera de que aparezca delante tuyo.
Sonrió hacia Blake, corriendo a abrazarla con fuerza.
—¡Muy buena! ¡Sigamos así!
Va a fusionarse con los defensas durante todo lo que queda de partido.
—¡Blake!
Lo rugió con alivio, como si acabase de ver un santo aparecer.
Detuvo el balón en el sitio, justo antes de empezar a girar sobre sí misma, siguiendo un patrón muy específico y practicado antes de pasar el balón por el aire hacia ella.
Dotada de dos alas emplumadas,