La vida, sin avisar, te acomoda. Tiene una forma curiosa de cuidarte. Te quita lo que estorba, te muestra lo que ignorabas, te pone frente a ti misma. No siempre es fácil entenderlo, pero con el tiempo te das cuenta: todo lo que se fue, te estaba enseñando a soltar.
Es una locura cómo el trabajo en uno mismo nunca termina. Mejoras en algo y, de repente, tienes que trabajar en cosas nuevas. Simplemente vas por ahí desbloqueando niveles infinitos de crecimiento.
Las conversaciones difíciles e incómodas sólo van a ser productivas con gente que es emocionalmente madura como para entender lo que le estás comunicando. Léelo otra vez