Ese cuento ya lo conocemos: la narrativa de la crisis, del desastre y de la corrupción sistemática para vender la necesidad del sacrificio de la gente por mor de la “patria”, cuando, en realidad, lo que se busca es que la acumulación de los más ricos pueda continuar.
De la Espriella y su combo de ultraderechistas quieren convertir el empalme en una inquisición que sin pruebas presentará como empresa criminal al gobierno que redujo la informalidad, el desempleo, la pobreza y la desigualdad a mínimos hist��ricos.
Lo hacen por la misma razón por la que inventaron la narrativa del “voto fusil”: encabezan una contrarrevolución política.
Necesitan fabricar chivos expiatorios dentro del propio pueblo colombiano para cohesionar emocionalmente a su coalición, mientras gobiernan para multimillonarios y para Trump.
Será pura demagogia con motosierra social y económica contra el pueblo. Y para tapar el abandono que impondrán, sembrarán mentiras y buscarán dirigir el malestar de sus votantes contra los indígenas, la diversidad sexual, los trabajadores, los sectores populares y los defensores de la legalidad democrática y la soberanía nacional.
Pero el pueblo colombiano cambió. Es superior a esta pantomima neofascista. Frente a la amenaza que viene, necesitaremos todo el amor, la unidad y la solidaridad popular.