Dios entra en tu alma con pasos silenciosos.
Él viene más hacia ti de lo que tú vas hacia Él; no defraudará tu esperanza, aunque nunca vendrá exactamente como lo esperabas.
Cuanto más respondas a su suave llamado, mayor será tu libertad.
Ven. Fulton Sheen
@joserra_espn Uruguay renunció a una gran oportunidad al tener a Bielsa como DT. Muy egocéntrico, siempre genera polémica. Todos tienen la culpa menos él.
Hoy celebramos a San Matías, el discípulo llamado a completar el grupo de los Doce Apóstoles
Cada 14 de mayo, la Iglesia conmemora a San Matías Apóstol, el discípulo elegido para ocupar el lugar que el traidor, Judas Iscariote, había dejado entre los Apóstoles. A San Matías se le considera patrono de los carniceros y de los arquitectos.
En los Hechos de los Apóstoles es posible encontrar señales inequívocas del aprecio del que gozaba Matías entre los miembros de la Iglesia primigenia. San Lucas, autor del relato de su elección para completar a los Doce, deja esto en evidencia, especialmente cuando recoge, una a una, las palabras del Apóstol Pedro (como se verá a continuación). Los candidatos fueron José, llamado Barsabás, cuyo sobrenombre era ‘Justo’, y Matías.
Después de la Ascensión del Señor, los Apóstoles, junto con María y algunos discípulos, se encontraban a la espera del Espíritu Santo, cuya llegada había sido anunciada por Jesús resucitado. En esos días de oración y expectativa, Pedro invitó a la comunidad a que se pronuncie sobre quién debía reemplazar a Judas Iscariote:
“Es necesario que uno de los que han estado en nuestra compañía durante todo el tiempo que el Señor Jesús permaneció con nosotros, desde el bautismo de Juan hasta el día de la ascensión, sea constituido junto con nosotros testigo de su resurrección” (Hch 1, 21-22).
Acto seguido, señala Lucas: “Se propusieron dos nombres: José, llamado Barsabás, de sobrenombre ‘el justo’, y Matías. Y oraron así: ‘Señor, tú que conoces los corazones de todos, muéstranos a cuál de los dos elegiste para desempeñar el ministerio del apostolado, dejado por Judas al irse al lugar que le correspondía’. Echaron suertes, y la elección cayó sobre Matías, que fue agregado a los once Apóstoles” (Hch 1, 23-26).
No se sabe con certeza mucho más sobre San Matías, salvo que se mantuvo fiel hasta el final de sus días. Se cree que murió apedreado o crucificado en Cólquida (actual Georgia) a donde habría llegado para anunciar a Cristo. Su muerte se habría producido hacia el año 80 d. C.
Dios me enseña a caminar despacio, quizás si me dejara correr me perdería aquellas cosas tan valiosas que se guardan en el corazón, o peor aún, quizás me alejaría de la ruta que ha pensando para mí.
EvDH:”Jesús dijo a los judíos:
"Mi Padre trabaja siempre, y yo también trabajo".
Sobrepasa el poder explicar como una frase tan pequeña y simple contenga tanta información y poder en tan pocas palabras.
En el contexto del pasaje, para algunos que le escuchaban, estas palabras eran razón suficiente para matarlo, pues se igualaba a Dios llamándolo Padre. Al menos esto sí fue bien entendido por sus detractores, pues no solo daba la novedad de llamar a Dios Padre, sino que le agrega el “Mi” que le daba filiación directa y nivel de deidad también. (Es su momento fue toda una blasfemia, hoy para los que lo seguimos es tema claro y seguro)
Hoy nos detenemos en el admirar y descubrir que Dios no se detiene, que Él sigue haciendo, creando, trabajando y Amando.
Es, a todas luces, un trabajo en equipo total.
El Padre y el Hijo, vinculados por El Espíritu Santo siguen, cada uno trabajando, y su coordinación es total por amor a nosotros.
Sin romper ningún orden, por ejemplo, en el plan de la Naturaleza, El Padre se ha encargado de que la semilla de la uva, abonada y cuidada, con el agua suficiente, pase a ser vino en nuestras mesas. El trigo que se sembró debidamente, en la cosecha se recoge y termina siendo pan en nuestra mesa.
Vemos a Jesús haciendo los milagros de hacer que el agua se transforme en vino y que el pan se multiplique para muchos. Y eso es solo una muestra de como Dios, al bendecirnos, deja que Jesús en un “instante” nos bendiga con el mismo trabajo que El Padre siempre está haciendo por nosotros.
La palabra trabajo que en su base es sinónimo de dignidad, aquí queda en el ámbito de La Familia Celestial, de la que somos parte.
Aquel padre o madre de familia que sale todos los días a trabajar por amor a los suyos,
merece agradecimiento y reconocimiento por su amoroso esfuerzo de proveer.
La noticia permanece, Jesús y El Padre, en Comunión con El Espíritu Santo, siempre y todos los días, siguen haciendo, amando y trabajando por cada uno de nosotros.
Decía Tagore: “el que trabaja en lo que no ama es un desocupado”. Dios está y sigue muy ocupado, pues hace lo que Ama porque Nos Ama.
El tiempo es destructor de sueños y constructor de destinos,maestro de la imperfección, su valor es incomparable,pensarlo da miedo. Pero el tiempo solo puede ser derrotado por el Amor, que lo relativiza, lo domina, elimina distancias, navega sobre el. Porque el Amor es eternidad.
Michele Ferrero, the Italian billionaire who founded the Ferrero group, one of the top chocolate manufacturers in the world, was a devout Catholic who held a special devotion to Our Lady of Lourdes. It's said that the company's chocolate brand, Ferrero Rocher, was named in reference to the grotto of Massabielle, where the Virgin Mary appeared in Lourdes. "Rocher" means "rock" in French, and the chocolate wrapper indeed resembles the surface of a rock, which could be a nod to the rock walls of Lourdes where Our Lady appeared. It's rumored that he placed an image of Mary in each of his factory buildings. On the occasion of the company's 50th anniversary, Ferrero remarked, "We owe Ferrero's success to Our Lady of Lourdes. Without her, we can do very little."
Mi papá murió hace 10 años… pero ayer me llegó un correo suyo.
Decía: “Ya vi que te vas a casar. Abre el archivo adjunto.”
No creo en fantasmas. Nunca he creído. Soy ingeniero. Me formé confiando en números, sistemas, causas y efectos, en cosas que se pueden explicar. Por eso nada —absolutamente nada— me preparó para ver el nombre de mi papá en mi bandeja de entrada… con fecha de hoy. Me quedé inmóvil mirando la pantalla. Sentí un nudo en la garganta y un frío raro en el pecho. No era miedo. Era ausencia.
Mi papá, David, murió cuando yo tenía 15 años. Cáncer de páncreas. De esos que no dan tregua ni tiempo para despedidas largas. Un día estaba… y al siguiente ya no. En sus últimos meses se encerraba mucho en su estudio con la computadora. Mi mamá decía: “Déjalo, está ordenando sus cosas”. Yo pensaba que estaba pagando cuentas, cerrando pendientes. No sabía que estaba luchando contra el reloj. Por mí.
El día que murió sentí que el mundo se apagó. Me quedé solo con mi mamá, siendo un adolescente lleno de rabia, sin saber afeitarme, sin saber hablarle a una mujer, sin saber cómo se vive sin un papá. Pensé que ahí terminaba todo. Pero no.
El primer correo llegó el día que cumplí 18. A las 12:01 a.m.
Asunto: “Ya eres legal.”
Casi tiro el celular. Lo abrí temblando, llorando. Era un audio suyo:
“Feliz cumpleaños, hijo. Hoy oficialmente ya eres un adulto… y vamos a tomarnos un buen vino juntos. Cuando naciste le dije a tu madre que compraría la mejor botella y la dejaría añejar 18 años. Hoy te toca. Te quiero, pero con cuidado, ¿eh? Que siempre te estoy vigilando.”
Su voz estaba ahí. Burlona. Amorosa. Inconfundible. Me mandó al garaje. Ahí estaba la botella que guardó el día que nací. Me senté en el piso y lloré como no lloré ni en su funeral. Ese día entendí su plan: correos programados para seguir siendo mi papá aunque ya no estuviera. Para no perderse mis momentos importantes.
Pero lo de ayer fue distinto.
Ayer le pedí matrimonio a Clara. No lo publiqué. No lo anuncié. Solo se lo conté a mi mamá y a dos amigos. Y aun así, hoy llegó otro correo.
Asunto: “Operación Boda.”
Sentí pánico. Pensé que alguien había hackeado su cuenta. Que estaban jugando conmigo. Abrí el mensaje con lágrimas cayendo sobre la pantalla. Había un archivo adjunto. Le di play.
Apareció él. Demacrado. Cansado. Enfermo. Pero sonriendo. Con esa sonrisa que siempre me calmaba. Sostenía su corbata azul, la de los días importantes.
“Hola, futuro novio”, dijo. “Hoy no puedo estar ahí para arreglarte… así que vamos a practicar.”
Durante diez minutos fue mi papá otra vez. Paciente. Amoroso.
“Pasa por la izquierda… no aprietes tanto… respira…”
Yo no estaba viendo un video. Lo estaba viviendo. Lloraba sin poder parar, doblado sobre la cama, tapándome la boca para no gritar.
Al final se acercó a la cámara. Sus ojos brillaban.
“Hijo… no importa con quién te cases, mientras se ría de tus chistes malos. Si se ríe, es ella. Sé bueno. El matrimonio no es 50/50… es 100/100 del que pueda darlo ese día. Yo estaré ahí. En primera fila. Aunque no me veas.”
Cuando el video terminó, me quedé en silencio. Lloré por el padre que perdí. Lloré por el hombre que me enseñó a ser. Lloré porque entendí que nunca me dejó solo.
Mi tío Jorge, desde Yucatán, tenía instrucciones de él para enviar borradores desde su correo en cada etapa importante de mi vida. Creo que hay uno para cuando tenga mi primer hijo. Mi primera casa. Mi primer auto.
Mi papá no estaba ordenando papeles.
Estaba dejándome un mapa para la vida.
La tecnología puede ser fría.
Pero el amor es capaz de atravesar el tiempo, la muerte y el silencio solo para decirte:
“Arréglate la corbata, hijo. Hoy es un gran día.”