Es un caprichoso, un soberbio y ya vas a ver que, ahora que perdió todo, se va a poner a chamuyar con el estadio.
Ah, lo de Riquelme un desastre también.
Belgrano salió campeón porque entendió algo básico: los clubes se construyen cuando están alineados los dirigentes, el cuerpo técnico, los jugadores y la gente.
En Talleres hace años que la gente quiere gloria deportiva, identidad e ídolos. Pero Fassi solamente habla de “industria del fútbol”, negocios y ventas de jugadores. Nunca entendió que los clubes no quedan en la historia por balances ni por transferencias: quedan por campeonatos, ídolos y sentido de pertenencia.
Mientras Belgrano tiene ídolos adentro y afuera de la cancha, en Talleres Fassi les cierra la puerta a todos. Porque su modelo no admite figuras que le disputen centralidad ni opinión pública. El personalismo está por encima del club.
Y también está la diferencia en los hechos. Belgrano construye su estadio de a poco, paso a paso, avanzando sobre realidades concretas. En cambio, en Talleres escuchamos hace años anuncios eternos, renders monumentales y promesas cada vez más grandilocuentes.
Porque el mejor estadio no es el que más se promete. El mejor estadio es el que se empieza.
Y así terminamos: alejando a los ídolos verdaderos mientras Fassi sueña con dejarle Talleres a su hijo Sebastián, que lo dejas en Colon y General Paz y no sabe volver a su casa.
Ahí está la diferencia entre construir un club o construir un negocio.
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