Una breve risa resbala de sus labios, coincidiendo con el momento en que se aferra a él con algo más de fuerza.
—¿Y qué he provocado exactamente? Porque creo que no has entendido siquiera una palabra.
—Vale, eso no me lo esperaba.
Se ha mordido ligeramente el labio inferior antes de comenzar a caminar en dirección al dormitorio.
—Ahora tendrás que hacerte cargo de lo que has provocado.
—. . .¿Y sabes ruso?
Preguntó con una de sus cejas alzada, sin poder evitar que sus comisuras se alzasen en una media sonrisa.
—Porque me pone mucho ese acento.
—Qué susto, por un momento pensé que ibas a decir que sí lo parecía.
Desata un suspiro que saca a relucir el alivio ahora predominante en su persona.
—Puedes respirar tranquilo, no tengo raíces francesas; las tengo rusas.
—Cómo sabía que ibas a salir con una de esas.
En esta ocasión es él el que le propina un mordisquito, siendo su mejilla la víctima del mismo.
—¿Te imaginas que ahora te digo que soy gabacho?
—Eh, a mi no me compares con un monumento gabacho.
Se ha girado para observarle, le ha mirado unos segundos y ha procedido a morderle uno de los dedos con cuidado.