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︎percibir su inquebrantable devoción
—¿Te quedarías a mi lado lo que dure mi estadía aquí? Después de todo, no sé si tendré pronto la suerte de volverte a ver.
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Escuchó cada palabra dicha por Sunday con la atención de un devoto, fiel seguidor que no se apartaba de la sombra del haloviano. Los ojos celestes del portador de la yesca de Kefale observaban los alrededores con el
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aparentemente, los silencios son habituales en sunday, pues una vez más, uno prevalece de forma breve entre ellos. uno donde se limitó a observar el rostro ajeno como si pudiera leerlo como se lee un poema— el gesto de phainon le pareció de una ternura que casi le
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︎lo afortunado que me siento por haberte encontrado aquí, como si el destino hubiera considerado necesario que nuestros caminos se cruzaran una vez más.
Las palabras eran sinceras y rebosantes de cariño. Bastaba con ver la ternura en la mirada de Phainon para
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︎Aquella joven, Robin, parecía ser muy famosa: la entrada al teatro estaba rebosante de personas que se mostraban emocionadas ante el espectáculo que no tardaría mucho más por comenzar.
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Una sonrisilla nerviosa curvó los labios de Phainon a medida que oía a Sunday expresarse con ese tono acerca de Aventurine. Fue inevitable que la nostalgia se revolviera un poco en su pecho, similar al aroma de unas
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por un segundo —uno apenas perceptible—, a sunday se le escapó el parpadeo. cuando phainon, con su inocencia ataviada de palabras, habló de las pestañas del apostador.
qué humor tan peculiar tenía el universo para hacerle atravesar
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︎» a mi lado.
Ofreció un pequeño apretón a la mano que sostenía entre los dedos y lo acompañó con una sonrisa tan radiante como el sol.
Aunque sus palabras podrían sonar a excusa, lo cierto es que sí temía separarse por accidente y perderse entre la algarabía.