. . . ⇢Nadie va a salvarte. Solo somos tu y yo, y me estoy divirtiendo mucho con tu cuerpo.
El cuerpo de la rubia era perfecto para complacer al pecador, apretando a lo largo de su gruesa circunferencia cada vez que se clavaba hasta el fondo en ella.
Ojalá su boca sea tan buena a la hora de complacerle como lo es para hablar.
Puede empezar cuando quiera, el miembro del pecador ya está listo para ella.
Como para saber que siempre puede existir una idea más absurda.
Sus manos continúan recorriendo la sensual figura grabando cada detalle en su mente y no solo concentrandose en sus pechos y trasero.
. . . ⇢Eres libre de tocar cuanto quieras.
. . . ⇢Puedo pelear contra ese narval que tomaste como mascota, no debería ser ningun problema jugar con esa cosa.
Brindar un espectáculo de combate a cambio de sexo con su compañera no era la idea más descabellada del universo. Ya ha convivido con Rhinedottir
+
— Bueno, si después me entretienes peleando con algún monstruo fuerte, entonces no tendré problema alguno en dejar que me folles.
Y con el mismo descaro ella le respondería, pues no le disgustaba la idea de ser follada por su compañero pecador, especialmente si a cambio +
. . . ⇢ Si fuera algo más interesante como poder follarte, no me lo pensaría dos veces.
Habló con total descaro, como si deseara provocarle. Tal vez tentando demasiado a su suerte, su zurda abandonó los pechos ajenos y descendió hasta el trasero, agarrando con firmeza +
— ¿No? Qué aburrido entonces.
Respondió de forma ligeramente burlona, a la par que con su índice picaba al contrario en el esternón.
Eso sí, en ningún momento interrumpió las acciones ajenas, permitiéndole seguir manoseando sus pechos.
— No puedes tener una opinión sin probar.
. . . ⇢ No te daré el gusto de verme pelear por tus pechos.
Afirmó con fingida dignidad.
Sin embargo, sus palabras perdieron todo significado en el instante en que sus manos, no dejaban de recorrer y manosear los pechos ajenos.
. . . ⇢ Nunca pensé que serían tan buenos...
— Huh, me gustaría mucho ver una escena así, entonces.
Su zurda usaría para liberar su otro pecho de la tela que lo cubría, dando la oportunidad al contrario para poder tocar ambos al mismo tiempo.
— Hmmm... Me alegro de que te resulten agradables, puedes seguir así.
. . . ⇢Muchos matarían por ver esos pechos a diario, yo incluido.
No espero a que la pecadora le ofreciera tal oportunidad 2 veces. Su diestra estiró para agarrar uno de los pechos ajenos masajeandolo sin mucha fuerza.
. . . ⇢Se siente bien al tacto.
— ¿Esa es tu forma de decir que te gustaría verlos todos los días? Por mi no hay problema siempre que lo pidas de forma clara.
Una sonrisa burlona se formó en los labios de la pecadora, vaya que le gustaba incordiar a sus compañeros.
— Así que tocarlos, ¿eh? Adelante.