🌺 Mi devoción por la Virgen hace imposible que deje pasar una imagen como esta. Hoy volvió a aparecerme y quise compartirla. Parece una escena inventada, pero ocurrió de verdad. Es el 20 de abril de 1980 y, en un vuelo rumbo a Port of Spain, Trinidad, el padre Patrick Moore viaja acompañado por una pasajera muy especial: la Virgen Peregrina de Fátima.
No iba en la bodega del avión. Las imágenes peregrinas de Fátima tradicionalmente viajan con su propio asiento, con billete pagado y aseguradas con el cinturón, junto a la persona encargada de custodiarlas. Para el padre Moore, aquel viaje tenía además un significado especial: en Trinidad comenzaría su vigésima vuelta alrededor del mundo, llevando la imagen por tierra, mar y aire como símbolo de paz.
La tradición de la Virgen Peregrina había comenzado en 1947, cuando una imagen realizada por el escultor portugués José Ferreira Thedim empezó a recorrer el mundo para llevar el mensaje de Fátima a quienes no podían viajar hasta Portugal. Con los años se realizaron otras imágenes peregrinas para responder a las innumerables solicitudes de distintos países.
Y quizás eso sea lo más bonito de esta fotografía: entre pasajeros, ventanillas y cinturones de seguridad, también viajaba una petición de paz. Más de setenta años después, las imágenes peregrinas de Fátima siguen viajando.
🙏 Ojalá llegue también el día en que podamos recibirla de nuevo en una Venezuela en paz.
📸 Bettmann Archive / Getty Images — 20 de abril de 1980.
"MACELLAI!"
"¡CARNICEROS!"
"Macellai!" ("¡Carniceros!") es el término que Nuestro Señor Jesucristo usa en la dolorosa visión mística ante el padre San Pío de Pietrelcina.
Esta aparición está documentada en la célebre carta que San Pío de Pietrelcina le escribe a su confesor, el padre Agostino de San Marco in Lamis, con fecha 19 de marzo de 1913 (festividad de San José). En ella explica, horrorizado la palabra en italiano que escuchó de Nuestro Señor y que lo perturbó mucho. Estamos hablando que era el año 1913. 50 años antes que se mutilara la Santa Misa.
En su sentida carta, el padre San Pío relata la visión mística en donde Nuestro Señor se le aparece en agonía, profundamente herido y ultrajado, sufriendo tormentos inenarrables por la degradación del sacerdocio católico. El pasaje central del documento nos expone una escena con una fuerza terrible, lacerante y trágica:
"En la mañana del viernes me encontraba todavía en el lecho cuando se me apareció Jesús. Se hallaba de mala traza y desfigurado, y me mostró una gran multitud de sacerdotes, religiosos y seculares, entre los cuales se hallaban varios dignatarios de la Iglesia.
La contemplación de Jesús así angustiado me causó mucha pena, por lo que quise preguntarle el motivo de tanto sufrimiento. No obtuve ninguna respuesta. Pero Él miraba a aquellos sacerdotes hasta que, como cansado de hacerlo, retiró la vista y, con gran espanto mío, pude apreciar que dos lágrimas le surcaban las mejillas. Se alejó de aquellos sacerdotes con expresión de gran disgusto y desprecio, llamándolos "macellai!".
Y vuelto hacia mí, dijo: «Hijo mío, no creas que mi agonía haya durado tres horas; no, yo estaré en agonía por motivo de las almas más favorecidas por mí hasta el fin del mundo. Durante el tiempo de mi agonía, hijo mío, no hay que dormir. Mi alma busca una gotita de compasión humana, pero ¡ay!, qué mal corresponden a mi amor. Lo que más me hace sufrir es que éstos, a su indiferencia añaden el desprecio y la incredulidad»."
Ese término "macellai" que utiliza Nuestro Redentor encierra una acusación precisa: el sacerdote, llamado a renovar incruentamente el Santo Sacrificio del Calvario en el altar in persona Christi, degrada los Santos Misterios cuando carece de fe, profanando el Cuerpo y la Sangre del Señor en la Misa o masacrando espiritualmente a las ovejas encomendadas a su cuidado pastoral.
La visión del Padre Pío no era una simple advertencia moralista individual. No. Fue una denuncia profética de la infiltración, la apostasía práctica y la incredulidad dentro de la propia jerarquía eclesiástica, realidades que anticipaban la profunda crisis y la devastación doctrinal y litúrgica que se manifestaría con total crudeza en las décadas posteriores.
Por tanto "¡Carniceros!" ES EL TÉRMINO que los fieles debemos, imitando a Nuestro Señor Jesucristo, utilizar para EXIGIR al clero que la recepción del Santísimo Sacramento DEBE SER DE RODILLAS Y EN LA BOCA. "Macellai!" son TODOS quienes ultrajan a Nuestro Señor. Como fieles es nuestro DEBER exigir la reverencia, el cuidado, la custodia del Cuerpo de Nuestro Señor por los ministros consagrados.
Y si se ofenden pues QUE SE DESOFENDAN. Aquí lo importante es una defensa, custodia y adoración católica valiente y DEBIDA a Dios. Recuerden: cuando estemos frente al Señor en nuestro Juicio Final, no estará ni el curita del Youtube para defendernos, mucho menos el cardenal pomposo que permite el maltrato al Santísimo Cuerpo del Verbo Encarnado.
(Mar Mounier).
Los semilleros son una plaga, pero la pasividad de los guatemaletecos ante esta plaga es peor. Somos un pueblo somnoliento que ojala se depierte antes de que sea demasiado tarde.
El guion que están siguiendo los semilleros es el del Grupo de Puebla. Están llevando a Guatemala al despeñadero económico, político y social. Quieren el poder total y lo están logrando por la dejadez de los guatemaltecos. Aprendamos de los países que ya viven estos atropellos.