¡Era demasiado bueno para ser cierto! Lástima. La gente tiene derecho a montar sus tonterías. Lo censurable: gastar el tiempo y los recursos de las autoridades. Y ahí es cuando la broma se vuelve chocante y peligrosa. Los policías dedicaron esfuerzos que habrían podido destinar a combatir crímenes reales. La payasada sale costosa para la sociedad.