No adores a Dios según tu estado de ánimo o según tu nivel de santidad. Adóralo porque Él es Dios sin importar lo que estés pasando en tu vida personal.
#EnEsteMomento
Da inicio el Curso Especializado para funcionarias y funcionarios de Estado sobre utilización del SIDH en su edición #18.
Nuestro director ejecutivo, Sr. José Thompson imparte la conferencia denominada “El papel y responsabilidad del Estado en el SIDH”.
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Se requiere un corazón dispuesto para invertir y ver los resultados. El éxito financiero es el fruto de lo que te atreves a plantar hoy. 👏🏻
"Derecho y Moral: Contribuciones a su análisis" de Herbert L.A. Hart
Este libro es una recopilación de ensayos clave de H.L.A. Hart (uno de los mayores filósofos del derecho del siglo XX), publicada en español. No es un tratado único, sino una colección que incluye textos importantes como:
- “El positivismo jurídico y la separación entre el derecho y la moral”
- “¿Hay derechos naturales?”
- “Definición y teoría en la ciencia jurídica”
Hart defiende el positivismo jurídico (especialmente el “positivismo suave”): no existe una conexión necesaria entre el derecho y la moral.
Un norma puede ser jurídicamente válida aunque sea inmoral. El derecho es un fenómeno social identificable por criterios fácticos (no por su justicia).
Conceptos principales que desarrolla:
1. Separación entre Derecho y Moral
- El derecho “que es” debe distinguirse claramente del derecho “que debería ser”.
- Confundirlos genera problemas (ej. en regímenes injustos: ¿debo obedecer una ley inmoral?).
2. El derecho como unión de reglas (idea central de su obra *El Concepto de Derecho*):
- Reglas primarias: imponen obligaciones (ej. “no robar”).
- Reglas secundarias: regulan la creación, modificación e identificación de las reglas primarias (regla de reconocimiento, regla de cambio, regla de adjudicación).
3. Contenido mínimo del Derecho Natural
Hart reconoce que, por la naturaleza humana (vulnerabilidad, igualdad aproximada, recursos limitados, etc.), todo sistema jurídico mínimamente viable debe contener ciertas reglas básicas parecidas a principios morales (prohibición de violencia, robo, etc.). Pero esto no significa que el derecho derive de la moral, sino que es una necesidad práctica de supervivencia social.
4. Punto de vista interno vs. externo
- Interno: la perspectiva de quien acepta las reglas como guías de conducta (obligación).
- Externo: la del observador que solo describe comportamientos y sanciones.
El libro surge en el marco de debates famosos:
- Contra Lon Fuller (que defendía que el derecho debe tener una “moral interna”).
- Contra Patrick Devlin (sobre si el derecho debe imponer moralidad).
- Anticipa el debate posterior con Ronald Dworkin.
Es una defensa clara, analítica y elegante de que el derecho es un sistema de reglas sociales identificables por su origen y aceptación social, no por su bondad moral.
Sin embargo, Hart no es un positivista radical: admite que el derecho y la moral se solapan frecuentemente y que el derecho puede (y debe) ser criticado moralmente.
El respeto no se gana, se demuestra. Y el primer lugar donde debe brillar es con quienes nos dieron la vida. 🙌🏻
Una lección de vida que todos deberíamos recordar. 👌🏻
Zaffaroni vs. Ferrajoli en el Garantismo Penal
Puntos comunes
- Ambos son los principales referentes del garantismo penal (derecho penal mínimo).
- Defienden límites estrictos al poder punitivo del Estado: legalidad, lesividad, necesidad, presunción de inocencia, debido proceso y proporcionalidad.
- Critican el populismo punitivo y el derecho penal expansivo.
- Ven el derecho penal como herramienta de última ratio y defienden los derechos humanos frente al punitivismo.
- Ferrajoli ofrece un modelo teórico estructurado de garantías (garantismo como programa racional y cognitivo). Es más optimista en la capacidad del Derecho para limitar el poder.
- Zaffaroni aporta una crítica realista y contextual desde América Latina, enfatizando la selectividad, la violencia estatal y la inutilidad relativa del sistema penal en contextos de desigualdad extrema.
Ferrajoli construye el garantismo como teoría normativa; Zaffaroni lo vive como práctica de contención ante un sistema penal estructuralmente injusto.
Ambos se complementan y se reconocen mutuamente, influyendo fuertemente en el debate penal latinoamericano actual.
El garantismo regional suele ser una combinación de ambos, aunque con mayor peso crítico-zaffaroniano en la práctica.
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Mi oración es que estas canciones sean de mucha bendición para sus vidas y los acerquen a la presencia de Dios.
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La destrucción institucional y de los servicios públicos, que va camino de ser completa y radical, no puede verse como fruto de la mera incompetencia, porque el propio sistema social, económico, político, etc. produciría resistencia o anticuerpos si así fuera. Si la voladura de lo público está ocurriendo sin resistencias sociales de ningún tipo, es porque sirve a intereses privados bien concretos.
Hay precedentes en muchos lugares y de muchas maneras. Por ejemplo, en casi toda Latinoamérica se destruyó sistemáticamente la red de ferrocarriles públicos que en algún momento existió y fue importantísima. Pasó mismamente en Colombia. Eso sirvió a las empresas privadas de transporte por carretera y el daño para el interés general fue brutal, pero grande el beneficio para cierto capital privado.
La paradoja se nos impone de nuevo en toda su brutalidad: es la izquierda la que destruye instituciones para favorecer al capitalismo más feroz y menos ilustrado. El ejemplo de cómo se está terminando en España con cualquier vestigio de buen funcionamiento o de rendimiento adecuado de las universidades públicas es uno entre muchos, pero muy contundente.
Y en países como España el destrozo institucional lo hace precisamente la dizque izquierda, porque tiene un colchón de tolerancia social mucho mayor. Puede que ahí esté una parte de la explicación de por qué, en España, la gran banca o el Ibex 35 todo tolera con tanta sonrisa y tanto mimo la destrucción del Estado constitucional, democrático o social de Derecho que Pedro Sánchez y sus secuaces están ejecutando a todos los niveles (sanidad, seguridad, pública, Justicia, educación, vivienda, transportes...). Propiamente correspondería esa sucia labor a la vieja derecha, pero las calles españolas arderían si fuera la derecha la que estuviera desmontando lo público de tal manera.
Lo que no excluye la incompetencia de nuestros gobernantes, por supuesto. Su condición de analfabetos anómicos y de corruptos cutres ayuda mucho para que se sientan felices y realizados mientras nos retornan a la España más disfuncional y oscura, más cainita, más envidiosa y más amante de las cadenas. En un país medianamente normal nunca habrían podido gobernar ni gestionar nada semejantes zoquetes.