No te necesitamos) pues total ya vamos bien calladitos de regreso a la casa en el carro y se le ocurre decirme (más reclamó que otra cosa) "si extrañas tu pasado mejor dímelo, pero deja de poner indirectas" anexo evidencia..
Mientras me cambiaba de ropa porque ya eran las 12:30 am para ir a buscar el medicamento que efectivamente el muy listo no encontró, me decía que él iba porque no quería que yo le reclamará, pero no se iba ahi seguía paradote con su cara de pendejo y pues adivinen que...
Esto me pasa por buscarme rommies tan pendejos y dejarlos quedarse solo para que mi hija sepa quién es su papá, real ojalá no me sintiera tan débil económicamente para no tenerlo aquí y mandarlo a la chingada pero mi salario aún es muy bajo 😭 hasta aquí mi reporte Joaquín!😂
Y si hablo del papá de mi hija que no sirve más que para dar mierda todo el tiempo, un puto medicamento no pudo encontrarlo en todo Querétaro, y como el princeso ya tenía hambre se va a cenar primero y llega a la casa todavía a chingar con que no quiere que le diga nada...
A de estar cabron estar con una mujer como yo, La Netflix. Una mujer que resuelve, que no se le cierra el mundo, que a pesar de querer tener un vato que la cuide, ella sabe cuidarse y cuidar a su hija, no necesita de un pendejo que no sabe solucionar ni verga...
Bad Bunny en el Super Bowl: cuando el espectáculo se vuelve mensaje político
La presencia de Bad Bunny en el medio tiempo del Super Bowl, el evento más estadounidense de Estados Unidos, no es una casualidad ni una concesión artística. Es un mensaje cuidadosamente calculado desde el corazón del sistema económico y cultural más poderoso del mundo.
El Super Bowl no es solo un partido: es la vitrina comercial más grande del año, donde se define narrativa, identidad y consumo. Cada segundo está medido, cada símbolo es leído. En ese escenario, Bad Bunny apareció sin traducirse, sin diluirse, sin pedir permiso: español, estética latina, símbolos culturales claros y una puesta en escena que reivindica identidad.
No estuvo solo. La presencia de Lady Gaga como acompañante no es menor: representa el aval del mainstream anglosajón, el reconocimiento explícito de que lo latino ya no es marginal ni accesorio, sino estructural dentro de la sociedad estadounidense. La breve aparición de Ricky Martin funciona como un puente histórico: del estallido latino de finales de los 90 al presente, donde la cultura latina ya no irrumpe, se consolida.
El momento más potente no fue musical, sino simbólico: el desfile final con banderas latinas. En un contexto de tensión política, discursos antiinmigrantes y criminalización del migrante, ese cierre fue una declaración directa: Estados Unidos también es latino, en su economía, en su fuerza laboral, en su cultura y en su futuro.
La tensión era visible. No pasó desapercibido que Bad Bunny reapareciera con un chaleco antibalas bajo su traje blanco. Ese detalle rompe con la narrativa festiva y devuelve el mensaje a la realidad: la identidad latina en EE. UU. sigue siendo celebrada y, al mismo tiempo, amenazada. Reconocida por el mercado, cuestionada por sectores políticos.
Este espectáculo confirma algo clave: el sistema económico estadounidense ya asumió que lo latino es indispensable. El consumo, la música, la publicidad y la cultura lo reflejan. El conflicto no está en el mercado, sino en la política. Y cuando el escenario más visto del país envía este mensaje, queda claro que la discusión ya no es si la comunidad latina pertenece, sino quién se atreve a negarlo.
Bad Bunny no solo cantó. Marcó territorio cultural. Y lo hizo donde más duele y más importa: en la pantalla central del poder simbólico estadounidense.
Juntos pero siempre estarás en mi corazón, prometo olvidarte y darte la paz que necesitas, gracias por todo lo que me diste. Te amo y te amare por siempre.
Siempre te voy amar Orlando y te agradezco los años que estuvimos juntos y lo feliz que me hiciste, también las heridas que nos hicimos me hicieron crecer, siempre serás al hombre que más amare en mi vida, lamento tanto que la vida nos haya jugado chueco y que no seamos eternos