Es lamentable ver que el clasismo ha llegado a tal grado que, ante la muerte de jóvenes, lo primero que se les venga a la mente es odiarlos por tener dinero.
No se han esclarecido los hechos, pero la culpa ya la repartieron.
Una vida es una vida; no importa la clase social.
El Timoteo se peleó con dos de los fandoms más antiguos, rencorosos y obsesivos de la humanidad: el de la ópera y el ballet.
Lo perseguirán por el resto de su vida.