Soy lo suficientemente madura para admitir que a veces soy una persona difícil. Sobrepienso todo, actúo con impulsividad y puedo ser complicada de entender. Soy sensible a otro nivel y necesito paciencia, pero también sé que mi amor no se compara con el de nadie.
Me da risa cuando me dicen: “y qué hiciste este finde?” Como si hubiera hecho paracaidismo o algún deporte extremo. Tengo 30, fui al super, lavé ropa, ordené mi cuarto, me tome un café y avancé unos capítulos de mi serie.