Dijo una vez Sócrates: "Si un burro me pateara, ¿acaso lo demandaría?" No se trata de ganar cada discusión, sino de elegir cuáles merecen nuestra energía. La ignorancia grita, la sabiduría calla. Cuando alguien no tiene más que ofrecer insultos y ruido, se responde con silencio.
Communism is the belief that workers create all wealth and deserve all rewards.
Then the moment a worker becomes successful, starts a business, invests, innovates, or accumulates wealth, he's magically transformed into an exploiter.
The proletariat is the moral creator of all good things in life right up to the point where they succeed.
Then they're reclassified as the villain.
Milton Friedman: “I am not a conservative. I’ve never been a conservative. Hayek was not a conservative.”
“We are liberals in the true meaning of that term: concerned with freedom. We are not liberals in the current distorted sense—those liberal with other people’s money.”
@hughlaurie@jan_murray Queda claro que Janet muestra síntomas que incluyen la pérdida de memoria a corto plazo, dificultad para concentrarse y problemas para expresar ideas o encontrar las palabras correctas. Es indicio de "Niebla Lúpica"
Por lo tanto, es lupus
Los estudiantes de economía en sudamérica, no se reciben de licenciados en economía. Se reciben de licenciados en keynes.
Son profesionales en generar inflación y estancamiento económico, en simultáneo.
La mayor estafa intelectual después de Marx.
If anything should be AI-generated, it's porn.
Zero trafficked actresses.
Zero coerced minors.
Zero real victims.
Strange how the "ethics" crowd never wants to discuss the one industry where AI would actually save lives.
@slifante Los “movimientos sociales”, progresistas y sindicatos en la práctica son tiranos dispuestos a hacer lo que sea por poder y desvivir a la población cuando sus políticas inevitablemente fallan, y siempre fallan, empobreciendo a todos menos a ellos.
MI ODIO AL CRISTIANISMO
En cierta época oscura de mi vida (☭) odié profundamente al Cristianismo. No era una simple discrepancia intelectual ni una diferencia de creencias. Lo rechazaba por completo. Cuando era comunista y abrazaba el ateísmo más militante, veía al Cristianismo como un enemigo, como una reliquia retrógrada que debía ser superada. Todo lo que estuviera relacionado con esa religión me generaba rechazo y repugnancia automática.
Ni siquiera me interesaba entenderlo. Bastaba con que algo oliera a cristiano para descartarlo. Asumía que la fe era incompatible con la razón, que la religión era un instrumento de dominación y que la historia de Occidente habría sido mejor sin la influencia del Cristianismo.
Con el tiempo empecé a alejarme del Comunismo y a acercarme al Liberalismo. Y fue entonces cuando ocurrió lo que jamás había concebido. Entendí que la civilización occidental no podía entenderse sin el Cristianismo. Aquella tradición que había despreciado durante años estaba presente en prácticamente todos los cimientos de la cultura que tanto amaba.
Fue entonces cuando conocí a pensadores como San Agustín, Tomás de Aquino, Guillermo de Ockham, San Anselmo, Francisco Suárez, Bonaventura, Francisco de Vitoria o Duns Scoto. Lo que encontré no fueron fanáticos irracionales, sino algunas de las mentes más brillantes de la historia. Descubrí una profundidad filosófica que jamás me habían mostrado los comunistas que me enseñaron a despreciar el Cristianismo. Entendí que había juzgado siglos de pensamiento sin haberme tomado el trabajo de estudiarlo.
Empecé a ver el Cristianismo no como un obstáculo para la civilización, sino como uno de sus pilares fundamentales. Mi soberbia e ignorancia me habían convertido en un prejuicioso. Había decidido qué debía pensar antes de investigar. Había condenado una tradición inmensa basándome en caricaturas simplistas y consignas ideológicas.
Mientras abandonaba el comunismo, también abandonaba la costumbre de ver al Cristianismo como "el opio del pueblo". Comprendí que reducir dos mil años de método, filosofía y reflexión moral a una simple consigna era una simplificación injusta. Es cierto que existen fanáticos irracionales y violentos, muchas personas que han utilizado esta religión para justificar abusos e intolerancia violenta, pero sería absurdo juzgar toda una tradición llena de riqueza por sus peores representantes.
Hoy sigo siendo agnóstico. Sin embargo, mi amor por el Cristianismo es más grande que nunca. Amo la riqueza de su tradición intelectual, la grandeza de sus pensadores y la huella que ha dejado en la historia de Occidente. Y tengo toda la intención de seguir explorando ese universo fascinante, de leer a sus grandes autores y de sumergirme cada vez más en una de las aventuras intelectuales más extraordinarias que la humanidad haya producido.