La ultraderecha financiada por millonarios dice ser pueblo llano.
La ultraderecha cuyos bulos difunde la tv dice estar silenciada.
La ultraderecha racista con el pobre dice ser antisistema.
Plantarle cara al fascismo es destruir su relato. Ayúdanos.
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(TUIT LARGO - MONOLOGO)
COMPRANDO LOS LIBROS DEL NUEVO CURSO
Hay una época del año en la que los padres dejan de mirar el calendario y empiezan a mirar directamente la cuenta bancaria como quien contempla a un familiar entrando en quirófano: septiembre. Porque septiembre ya no es la vuelta al cole. Septiembre es un atraco organizado con libros de texto, lápices de colores y una mochila de dinosaurios como armas del delito.
Tú entras en la papelería pensando: “Bueno, voy a comprar cuatro cosas para el niño”. CUATRO COSAS. Y sales con una financiación a 36 meses, una carpeta debajo del brazo y la sensación de que acabas de comprar una plaza de garaje en el centro de Madrid.
Porque antes ir al colegio era sencillo. Necesitabas un lápiz, una goma, un boli azul y una libreta. Si eras de familia pudiente, tenías un sacapuntas con depósito. Aquello era el lujo asiático. Hoy el niño necesita doce cuadernos de diferente tamaño, cuatro carpetas clasificadoras, fundas transparentes, cartulinas de veinte colores, rotuladores de punta fina, punta gruesa, punta media, punta emocional y punta fiscal.
Y cuidado con el lápiz.
Ya no sirve “un lápiz”.
Tiene que ser HB, 2H, 2B, triangular, ergonómico, ecológico, sostenible, fabricado con madera de un bosque que haya dado su consentimiento por escrito.
Y cuesta 3,75 euros.
¡UN LÁPIZ!
Por 3,75 euros no quiero que escriba. Quiero que me haga la declaración de la renta.
Luego está la lista del colegio, que parece el inventario de una expedición a Marte.
“Dos barras de pegamento de 40 gramos.”
¿Exactamente 40 gramos?
Como aparezca el niño con una de 35, ¿qué ocurre? ¿Lo devuelve el profesor a casa? “Señora, su hijo no puede cursar Ciencias Naturales porque le faltan cinco gramos de Pritt.”
“Tijeras de punta redonda.”
“Caja de 24 lápices.”
“Caja de 12 ceras.”
“Caja de 24 rotuladores.”
“Dos carpetas verdes, una azul y una roja.”
“Cinco fundas tamaño A4.”
“Tres paquetes de folios.”
¡TRES PAQUETES DE FOLIOS!
¿Pero el niño va a segundo de Primaria o va a abrir una gestoría?
Y entonces llegamos a LOS LIBROS.
Ahí ya directamente aparece la música de El Padrino.
Te acercas a la librería y dices:
“Hola, vengo a por los libros de 4º.”
Y la dependienta te mira con una mezcla de pena y respeto.
“¿Tiene usted hijos?”
“Sí.”
“Lo siento muchísimo.”
Te pone delante seis libros y te dice:
“Son 287 euros.”
¿287 euros?
Miras los libros esperando que por lo menos dentro venga Shakespeare reencarnado dando clases particulares.
Pero no.
Matemáticas.
Lengua.
Natural Science.
Social Science.
Inglés.
Y un cuadernillo de actividades de 38 euros que tiene 27 páginas.
¡TREINTA Y OCHO EUROS!
Ese cuadernillo debería venir firmado por Stephen Hawking.
Y lo mejor es que muchos libros ahora vienen divididos por trimestres.
Tomo 1.
Tomo 2.
Tomo 3.
Como si fueran las memorias completas de Winston Churchill.
Antes tenías un libro de Matemáticas para todo el año. Terminabas el curso y aquel libro había sobrevivido a bocadillos de chorizo, gotas de Cola Cao, mochilas lanzadas desde un tercer piso y siete generaciones de hermanos.
Ahora no.
Ahora el libro lleva códigos digitales, licencias, pegatinas y cuadernos fungibles para asegurarse de que no pueda heredarlo ni tu hermano, ni tu primo, ni tu vecino, ni el hijo que tengas en tu próxima reencarnación.
Porque ese es otro negocio maravilloso.
“¿Puedes comprar los libros usados?”
DEPENDE.
Porque ahora te dicen:
“Este libro lleva licencia digital individual.”
Claro.
La licencia.
La famosa licencia.
Un código de 16 caracteres que cuesta 40 euros y que seguramente da acceso a tres vídeos de una señora explicando las fracciones delante de una pizarra.
Y mientras tú estás intentando asumir que has pagado 400 euros por libros, llega el momento de comprar LA MOCHILA.
Porque claro, el niño no puede llevar una mochila normal.
Tiene que ser ergonómica.
Acolchada.
Impermeable.
Con espaldera.
Transpirable.
Reflectante.
Con ruedas.
Sin ruedas.
Con ruedas desmontables.
Con conexión USB.
Con siete compartimentos.
Con bolsillo para botella.
Con protección lumbar.
Vamos, que no es una mochila.
Es un Volvo.
Precio: 79,95 euros.
Y tú piensas: “Bueno, por ese precio durará varios años.”
JA.
En febrero lleva una cremallera arrancada, una mancha misteriosa de yogur y un dibujo de un pene hecho con Tipp-Ex.
Setenta y nueve euros perfectamente amortizados.
Luego llega EL ESTUCHE.
Otro mundo.
Antes el estuche era un cilindro de tela con una cremallera.
Ahora parece el maletín de un cirujano cardiovascular.
Tres pisos.
Cuarenta elásticos.
Compartimento secreto.
Zona para rotuladores.
Zona para lápices.
Zona para bolígrafos.
Zona VIP.
Abres aquello y parece que va a salir un francotirador montando un rifle.
Y dentro hay que meter material escolar suficiente como para abastecer a todo un colegio rural durante cinco años.
¿Y los bolígrafos?
“Necesita azul, negro, rojo y verde.”
¿VERDE?
¿Para qué utiliza un niño de ocho años un bolígrafo verde?
¿Para firmar tratados internacionales?
Porque cada año aparece un color nuevo.
Dentro de poco pedirán:
“Bolígrafo azul océano para sustantivos, turquesa para adverbios y verde esperanza para cuando el alumno considere que la respuesta probablemente esté bien.”
Y después de soltar 600 euros entre libros, mochila y material, todavía aparece la frase que puede destruir definitivamente cualquier economía familiar:
“Papá, necesito una tablet.”
¡UNA TABLET!
Claro.
Porque aparentemente aprender la tabla del siete ahora requiere un procesador de ocho núcleos.
Luego vendrá el ordenador.
Los auriculares.
La calculadora científica.
La impresora.
La plataforma educativa.
La licencia del programa.
El seguro del dispositivo.
Y cuando el niño llegue a Bachillerato directamente le compras acciones de Microsoft.
Pero todavía falta la mejor parte.
El primer día de colegio.
El niño llega a casa.
Abres la mochila.
Y encuentras una nota.
“Estimadas familias: durante los próximos días deberán traer…”
NO.
NOOOOO.
¡YO YA HE TRAÍDO TODO!
He traído lápices.
He traído folios.
He traído pegamento.
He traído rotuladores.
He traído cartulinas.
He traído libros.
He traído cuadernos.
¡HE TRAÍDO MÁS MATERIAL QUE LA OTAN!
¿Qué falta?
“Una caja de pañuelos, un rollo de papel de cocina y un paquete de toallitas.”
Perfecto.
El niño va a estudiar Primaria pero yo estoy equipando un cuarto de baño.
Y claro, llega un momento en el que te preguntas dónde está todo aquel material escolar que compramos cada septiembre.
Porque si multiplicamos lo que compra cada familia por treinta niños durante diez años, en algún lugar de España tiene que existir una montaña de pegamento, cartulinas y rotuladores visible desde el espacio.
La NASA un día va a fotografiar la Península y va a decir:
“¿Qué es esa enorme mancha fluorescente situada cerca de Albacete?”
“Material escolar sin utilizar, señor.”
Y aun así, cada septiembre repetimos.
Nos presentamos en la papelería con la lista doblada en cuatro y la tarjeta bancaria temblando.
El dependiente empieza:
“Cuadernos…”
BIP.
“Rotuladores…”
BIP.
“Cartulinas…”
BIP.
“Compás…”
BIP.
“Pegamento…”
BIP.
“Agenda escolar…”
BIP.
Y tú ya no escuchas productos.
Escuchas el monitor de una UCI financiera.
BIP.
BIP.
BIP.
Hasta que aparece el total.
437,82 euros.
Y el dependiente todavía tiene LOS COJONES de preguntarte:
“¿Quiere una bolsa?”
¿CUÁNTO CUESTA?
“Diez céntimos.”
¡NO!
Después de gastarme 437 euros me llevo todo abrazado hasta casa si hace falta.
Porque septiembre no es la vuelta al cole.
Es la vuelta al préstamo.
La vuelta a la tarjeta.
La vuelta al “este mes no cenamos fuera”.
La vuelta al “apaga esa luz”.
La vuelta al “¿quién coño ha dejado el aire acondicionado encendido?”.
Pero lo más hermoso es que después de gastarte una fortuna, el niño entra al colegio con 300 euros de libros, una mochila de 80, un estuche de 35 y material de papelería suficiente para invadir Portugal…
Y cuando le preguntas:
“¿Qué hiciste hoy en clase?”
Te responde:
“Nada.”
NADA.
SETENCIENTOS EUROS PARA NADA.
Pues mañana te llevo con un palo y dibujas en la arena.
Porque a este ritmo, dentro de unos años el material escolar no se comprará en una papelería.
Se comprará en una inmobiliaria.
“Buenos días, quería dos cuadernos, una caja de rotuladores y los libros de quinto.”
“Perfecto, señor. ¿Trae nómina, avalista y las tres últimas declaraciones de la renta?”
Y nosotros seguiremos pagando.
Porque por nuestros hijos hacemos lo que haga falta.
Pero una cosa os digo:
Como el año que viene vuelvan a pedirme cuatro barras de pegamento…
EL NIÑO VA A CLASE CON SILICONA DE OBRA.
Que pega más, dura todo el curso…
Y todavía me sobra dinero para comprar el pan.
Bienvenidos a septiembre.
El único mes del año en el que comprar un lápiz, una goma y seis libros puede hacerte comprender perfectamente cómo se sintió Grecia durante la crisis de deuda.
Hay empresas de software que están intentando vender sus sistemas informáticos de "fichaje" de trabajadores asustando con supuestas sanciones inmediatas, porque dicen que el Gobierno va a aprobar una reforma. Desmontamos el cuento en este hilo 👇.
Así es como pretende meter miedo Fox News contra los líderes políticos de la corriente de Mamdani "Socialistas democráticos", mostrando sus propuestas que son todas buenísimas.
- Escuela, sanidad y vivienda para todos.
- Jornada de 32hs/semana
- Impuestos a ricos
- Free Palestine
#IFBisbaldEmpordà#IFBisbaldEmporda#Girona
ESTABILIZADO / ESTABILITZAT
Las zonas quemadas son zonas muy peligrosas.
NO ACUDAS A LA ZONA
Les zones cremades són zones molt perilloses.
NO ACUDIS A LA ZONA
#IIFF
🔴 Activem el nivell 3️⃣ del #PlaAlfa per perill molt alt d’incendi a 3️⃣9⃣9️⃣ municipis de 2️⃣9️⃣ comarques de Catalunya i el nivell 4️⃣ per perill extrem d’incendi a 2️⃣0️⃣ municipis de les comarques del Baix Empordà i el Gironès.
ℹ️ Consulta el mapa: https://t.co/vZhR62ohmK
🌡️ Avui comença la segona onada de calor de l'estiu, que s'allargarà almenys fins dijous segons el @meteocat
✔️ Hidrata't sovint
✔️ Evita sortir al carrer les hores de més calor
✔️ Protegeix-te del sol amb gorra, ulleres de sol i crema solar
Alerta #PROCICAT
Los niños se ahogan en silencio.
Solos o rodeados de gente.
❌ No piden ayuda.
❌ No gritan.
Y los adultos pensamos que están jugando.
👀 No los dejes solos en el agua ni un segundo.
Aunque haya mucha gente alrededor, si tú no miras… nadie mira.
Gracias #Ojopequeagüeros x RT
🎣 Els #AgentsRurals denunciem un pescador furtiu reincident a l’estany de Flamisella.
❌ Excés de captures, talles inferiors a les permeses i ús d’arts prohibits.
⚖️ Comissem el material i les truites capturades irregularment.
ℹ️ Més informació:
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⚠️ Eviteu activitats de risc d'incendi al medi natural!
Per perill extrem d'incendi es manté actiu el nivell 4️⃣ del #PlaAlfa a 20 municipis del Baix Empordà, el Gironès i al Massís de Les Gavarres.
Perill molt alt d’incendi a 3️⃣9⃣9️⃣ municipis.
Consulteu: https://t.co/vZhR62ohmK
Actualizamos, de nuevo, el contador de menores fallecidos por ahogamiento de #Ojopequealagua 😪
Además llegamos a la terrible cifra de 20/300
20 menores ahogados durante este 2026
300 menores ahogados desde el inicio en 2017
300!
Si esto no es un problema de salud pública...
Los que solo comen helado de fresa votan a los partidos de los que comen helado de cuatro bolas para que bajen los impuestos con los que se paga la sanidad y la enseñanza. Al mismo tiempo que pagan alquileres y les echan horas extras gratis a los que comen helado de cuatro bolas.
🔴Aquest és el mapa del #PlaAlfa per avui , dia 04/07/2026
📍Consulta el mapa interactiu per conèixer quin nivell hi ha activat al teu municipi⤵️
📲 https://t.co/4zt1cFzcJU
Por ahora lo unico que se del virus porcino es que, según los expertos, es producto de un virus africano que se pudo escapar de un laboratorio catalan y esparcido por Putin.