™Querido diario; La gente olvida,el mundo sigue girando,aunque por dentro estemos rotos/❤@OfValafar @Delena_TvrD &Gala SON MI TODO✿♡/🔑♡Caligo/⊕ℕɪkosito/Ártico❤
> con el viento. Embargada por la angustia y alegría se liberó la mujer de sus ataduras. Nadie acertaba a comprender que había ocurrido y como habían eludido una muerte segura. Pero ¿De qué modo? ¿Por quién? En mitad del gran tumulto exasperado, nadie pareció reparar >
> en la figura encapuchada que, demandando velozmente sus pasos sin apartar la vista del suelo ni girarse una sola vez, desapareció con el mismo sigilo con el que había aparecido.
<Continuará>
> prender. Presa de la ira el jefe y pérdida toda la compostura tiró la antorcha y desenfundó su espada.
--- Hoy está escrita tu muerte, maldita bruja. ---Vociferó blandiendo el arma en el aire y dispuesto a degollarla. De repente la hoja se rompió a la vez que se frotó >
> saber que más adelante sus muertes le harían feliz. Al verle intentar esa acción, la misteriosa sombra que se hallaba entre las gentes cambió la letanía que sus labios pronunciaba en silencio y que nadie advertía bajo su embozo. En respuesta la falda también se negó a >
> El jefe descendió furioso ante tal terror de su gente, el miedo se apoderaba de cada uno de ellos. Y llegándose hasta la sentenciada, arrebató la antorcha de la mano de uno de sus subordinados y aplicó llama directamente a la falda de la condenada, que chilló de pavor sin >
> a aquella practicante del poder gótico. De manera incomprensible las antorchas seguían prendiendo, mientras que la madera estando en contacto con ellas permanecía seca, incólume, inmune al fuego.
---Brujería--- Murmuró una mujer entre la muchedumbre. >
> que lo aproximaban a ella. Las llamas resbalaba rodeando la madera, sin ennegrecerla siquiera. Perplejos los verdugos tornaron a insistir esta vez hundiendo la tea enteramente entre las ramas y la hojarasca, pero también fue en vano. Érebos estaba ayudando >
> fuerza y la multitud se agitó inquieta. En ese momento, la sombra cerró sus ojos y movió los labios como murmurando, si bien no emitía ningún sonido. Igual si obedeciera a su ruego silencioso, el fuego que ardía en la tea se resistió a prender la madera de la pira por mucho >
> y una ruda capa de fieltro negra cuya capucha le cubría la cabeza. Su tez era muy pálida y en su rostro brillaban, a pesar de su embozo, unos llamativos ojos grises como la noche. Cuando los soldados acercaron las antorchas a la pira, la condenada empezó a gritar con más >
> paso discretamente e inadvertido entre las últimas filas para allegarse finalmente hasta el frente, en el límite que fijaba el círculo de piedras. Se trataba de una sombra, ataviada de una túnica que le llegaba hasta esos pies inistingiblemente descalzos >
> Cuando la sentencia fue leída, a una orden del jefe, dos soldados encendieron sendas teas y se aproximaron a la pira, la tensión era tal que ninguno de los presentes reparó en lo que pasaba más allá de la hoguera. Así fue como una figura alta y menuda fue abriéndose >
abiertos al mundo y su expresión habría advertido de inmediato que no pertenecía a un ser común.
Mi niño, mi pobre niño, mi hijo, nuestro hijo, el hijo del bosque.