📢Las aplicaciones de citas y la IA: ¿cómo funcionan las herramientas de compatibilidades de parejas?.
Elisandro Santos, especialista en IA, conversó con @AdrianKorol y el equipo de #KorolEnElAire.
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#AhoraEnRivadavia | Elisandro Santos, especialista en IA, en diálogo con @CholoCast en #DesdeElAlma.
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Ayer la @OPRArgentina de @JMilei respondió a @harari_yuval sobre la propuesta de darle personalidad jurídica a empresas gestionadas por inteligencia artificial y considero que merece algo mejor que una discusión de tribuna. No sirve caer en el reflejo automático de decir “esto es brillante porque suena disruptivo”, ni tampoco en el reflejo opuesto de decir “esto es peligroso porque involucra IA”. Los dos extremos empobrecen el debate. Como vengo diciendo hace tiempo: la inteligencia artificial no necesita fanáticos ni apocalípticos, necesita criterio, gobernanza, evidencia y una mirada productiva real, por eso siempre digo que "Con la IA todo depende" y prefiero tratar de pararme en el medio.
Celebro que Argentina ponga sobre la mesa discusiones de frontera. Prefiero mil veces un país que se anime a debatir innovación, propiedad, responsabilidad, productividad y nuevos modelos económicos antes que un país que mira la tecnología desde afuera. Ahora bien, innovar no es acelerar sin tablero de control. Una empresa operada por IA puede ser jurídicamente imaginable, e incluso podría ser viable bajo determinadas condiciones, pero antes hay que responder preguntas bastante concretas (Algunas ya lo están): quién responde ante un daño, qué patrimonio queda afectado, cómo se audita la toma de decisiones, qué límites operativos tiene el sistema, quién diseña los objetivos, cómo se evita que optimice contra el interés público, cómo se previenen abusos regulatorios, qué pasa si explota vacíos legales y qué responsabilidad conservan los humanos que la crearon, financiaron o se benefician de ella.
El dato más incómodo es que todavía no tenemos evidencia sólida de empresas 100% gestionadas por IA funcionando de manera estable en entornos reales. De hecho, uno de los experimentos más citados fue el de Anthropic con Claude, al que le dieron autonomía para administrar una pequeña tienda interna. El resultado no fue precisamente una revolución productiva: tomó malas decisiones comerciales, generó pérdidas, regaló o malvendió inventario y mostró algo que para mí es central en esta discusión: una IA puede ejecutar, optimizar, asistir y automatizar, pero autonomía total no es lo mismo que capacidad empresarial. Dirigir una empresa no es solamente responder prompts o mover inventario; es interpretar contexto (El Argentino que suele ser muy complicado), gestionar incentivos, negociar, priorizar, asumir responsabilidad, entender consecuencias y corregir rumbo cuando la realidad se aleja del modelo.
Por eso mi postura es clara: no desmerezco la propuesta, pero creo que hoy hay una política de IA mucho más urgente, más medible y probablemente más potente para el PBI argentino. Antes de discutir empresas sin humanos, deberíamos potenciar masivamente a las empresas que ya existen y que hoy sostienen una parte enorme de la economía real: las PYMEs. En Argentina, las PYMEs explican aproximadamente el 40% del PBI y cerca de la mitad del empleo registrado, pero al mismo tiempo enfrentan una mortalidad altísima, especialmente en sus primeros años. Según distintas estimaciones privadas y sectoriales, una gran proporción no supera los primeros cinco años, y en algunos relevamientos se habla incluso de niveles cercanos al 80% de fracaso en etapas tempranas. Aunque el número exacto puede variar según fuente y metodología, el fenómeno es indiscutible: Argentina pierde todos los años miles de empresas que podrían haber sobrevivido con más productividad, mejor gestión, mejor comercialización y mejores herramientas.
Ahí es donde la IA puede dejar de ser un tema de laboratorio o de conferencia y convertirse en política productiva concreta. Yo impulsaría un programa nacional para que PYMEs seleccionadas accedan durante dos años a herramientas de inteligencia artificial sin costo: automatización administrativa, atención al cliente, análisis de datos, generación de contenido, gestión comercial, asistencia contable, mejora de procesos, capacitación interna, tableros de control y herramientas de marketing. Pero no lo haría como subsidio ciego ni como regalo tecnológico. Lo haría con un contrato productivo: todo ahorro verificable generado por la implementación de IA debería reinvertirse obligatoriamente en dos variables críticas para la supervivencia de una PYME, publicidad o producto.
La lógica es simple. Si una empresa ahorra dinero porque automatiza tareas repetitivas, reduce tiempos administrativos, mejora su atención comercial o evita costos operativos, ese ahorro no debería desaparecer en caja ni transformarse solamente en margen pasivo. Debería volver al crecimiento. Publicidad, para vender más, conseguir demanda y profesionalizar la captación de clientes. Producto, para mejorar calidad, diferenciarse y competir mejor. Muchas PYMEs no mueren porque “no trabajen”; mueren porque venden poco, venden mal, no tienen procesos, no miden, no comunican, no llegan al cliente adecuado o no pueden sostener una propuesta de valor competitiva. La IA puede atacar justamente esos puntos.
Si una política así lograra reducir apenas entre 2 y 6 puntos la tasa de fracaso de PYMEs, el impacto sería enorme. No estamos hablando de ciencia ficción, sino de supervivencia empresarial, empleo genuino, productividad y PBI. Cada PYME que sobrevive no solo conserva puestos de trabajo: compra insumos, paga servicios, invierte, tributa, capacita, compite, innova y empuja actividad económica alrededor. Y después de esos dos años, la empresa tendría dos caminos posibles: o mantiene las herramientas de IA pagándolas porque ya comprobó valor, o, si el crecimiento generado lo exige, incorpora personas para sostener nuevas áreas, más demanda o mayor producción. En ambos escenarios, la IA no sería una excusa para reemplazar humanos, sino una palanca para que empresas humanas sean más productivas y puedan contratar mejor.
Para mí, esa es la discusión que Argentina debería priorizar. La personalidad jurídica de empresas gestionadas por IA puede ser un debate interesante y eventualmente necesario, pero todavía está lleno de supuestos por validar. En cambio, la adopción de IA en PYMEs tiene impacto inmediato, medible y directo sobre la economía real. No hay que elegir entre innovación y prudencia; hay que ordenar las prioridades. Primero usemos la IA donde ya sabemos que puede generar eficiencia, ventas, productividad y supervivencia empresarial. Después discutamos hasta dónde queremos llevar la autonomía jurídica de sistemas que todavía no demostraron poder gestionar un negocio real mejor que un humano asistido por IA.
Insisto con mi posición; celebremos la innovación, pero no confundamos audacia con falta de controles. La verdadera revolución no sería tener empresas sin humanos solo porque suena futurista. La verdadera revolución sería que miles de PYMEs argentinas, que hoy pelean todos los días contra costos, burocracia, baja productividad y falta de demanda, puedan usar IA para vender más, durar más, competir mejor y generar empleo genuino. Ahí sí la inteligencia artificial podría dejar de ser un debate de extremos para convertirse en una política seria de crecimiento.
#VamosArgentina
Elisandro Santos, especialista en IA y tecnologías emergentes, en diálogo con Verónica Albanese en #BastaBaby.
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Elisandro Santos: "El reconocimiento facial falla más con mujeres o personas de piel oscura. La base de entrada de datos genera una miopía tecnológica marcada". #DeepLearning#DerechosDigitales
📱¿PANTALLAS EN NIÑOS: SÍ O NO?
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#Dato: #LaPlata Elisandro Santos es el tercer platense en recibir el #PremioMercurio a la Innovación. Por su trabajo y puesta en práctica de la Inteligencia Artificial en empresas sin el reemplazo de empleados físicos. Antes lo recibieron @globai y la @unlp
Premio Mercurio a la Innovación
Elisandro Santos especialista es el tercer platense en recibir el galardón por su aporte a la Inteligencia Artificial
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#ElMejorDíaDeLaSemana
Un platense ideó un robot con inteligencia artificial especialista en ventas: Elisandro Santos tiene 27 años, es docente y creó un robot con inteligencia artificial que se utiliza en una multinacional de Estados Unidos.