Pierden terreno frente al agua fría.
Al abrir los ojos, puedo ver la cara de mi ángel y entonces sé que puedo volver a la realidad onírica sin miedo.
Dónde me espera un sueño dulce.
Dulce y revitalizante.
Lejos de las llamas.
Otra vez ese sueño horrible. Horrible y doloroso.
Tan real como si de verdad estuviera ahí. De hecho, podía sentirlo.
Sentía el calor de las llamas al besar su piel. Sentía de veras todo ese dolor como si realmente le estuvieran abrasando sus ondeantes embestidas.
Sentía el calor de las llamas al besar su piel. Sentía de veras todo ese dolor como si realmente le estuvieran abrasando sus violentas embestidas.
Llega un ligero frescor. Demasiado ligero, pero ayuda.
Poco a poco, pues son persistentes, las llamas pierden terreno.