Reniego un montón, siempre. Pero estar enamorada, en realidad, es mi delirio favorito. Recuerdo un día en que se manifestó en mí algo parecido al síndrome de abstinencia, pero por el olor de la piel del otro. Una descubre sensaciones que no sabía que existían antes.
Me gusta pensar que un buen amor me espera, que llegará un octubre o un martes cualquiera y que vendrá lleno de música, vino y atardeceres. Que nos reconoceremos desde el primer segundo, desde la primera sonrisa y que nunca nos dejaremos ir después de nuestro primer beso.