Dios ve tu esfuerzo, tus lágrimas, tus decisiones, tu cansancio y tu deseo de hacerlo bien. Ve el amor detrás de lo que haces: cuando trabajas, cuidas, provees y cuando vuelves a intentarlo.
Ultimamente, mi mayor deseo es que los planes de Dios coincidan con los míos, pero si no es así, que prepare mi mente y mi corazón para aceptar con fe todo aquello que tenga preparado para mi vida.
Si uno no tiene nada bueno para decir, es mejor quedarse callado. El silencio siempre será una buena opción para quienes solo buscan destruir con sus palabras.
Si hoy el entusiasmo ya no es el mismo que al inicio, recuerda que Dios no necesita tu emoción para obrar, solo tu disposición. Y mientras sigas caminando incluso con pasos pequeños, Él permanecerá fiel como siempre lo ha sido.