Por más que pongas sus ojos de portada en tus redes sociales, jamás olvidarás mi mirada cuando estábamos juntos y peor aún jamás dejará de perseguirte mi mirada cuando me partiste el corazón y todavía sientes culpa.
A veces me quejo de la vida, pero luego me acuerdo de que todo lo que he deseado siempre termina llegando cuando toca. Y ahí entiendo que soy una persona bendecida, que la vida tiene cosas preciosas y que la vida siempre ha sido increíblemente detallista conmigo.
Lo cuidé, lo amé, le fui leal, no era interesada, nunca me importó si tenía dinero o no, le demostré una y mil veces que quería que fuera él, le dí cada parte de mí, lo acompañé en muchas cosas y me ponía feliz al verlo feliz a él consiguiendo lo que quería, rezaba por su bienestar siempre quise que estuviera bien. Supongo que a veces dar mucho también es malo...
Querido universo, te prometo que ya entendí. Te pido que ahora me hagas coincidir con personas de corazón y alma bonita, ya no quiero que me duela querer.
Ya no me dan ganas de escribirte, pero si me escribieras, todavía me alegraría el día. No me importa con quién estás, pero a veces imagino si te trata mejor que yo. Te dejé de buscar, pero nunca dejé de pensarte. No volvería contigo, pero hay noches donde desearía que no te hubieras ido. Te perdí el interés, pero no el cariño.
Un narcisista nunca está solo porque no soporta su propio vacío. Siempre tiene plan B, la “ex” a la que todavía manipula, o la nueva víctima a la que ya le está contando que tú eres la loca. Es un parásito que necesita un huésped para sobrevivir.