EL IMPARABLE ASCENSO DEL FASCISMO
Todo indica que las elecciones del 29 de noviembre en España entregarán el poder a la derecha. Vox es el único partido que sube en las encuestas. El fascismo triunfa porque sus valores son los de la mayoría: odio al diferente, nacionalismo patológico, desprecio por los pobres, amor al dinero, egoísmo desenfrenado.
La izquierda se resiste a comprender que el espacio público no está dominado por una sociedad de ciudadanos, sino por masas embrutecidas y llenas de prejuicios. Muchos trabajadores precarios votan a la derecha porque comulgan con sus fobias: misoginia, homofobia, racismo, aporofobia. ¿Cambiará eso algún día? Solo una sociedad ilustrada apostará algún día por la solidaridad, la diversidad y la tolerancia. Es una utopía, pero si no se realiza, soportaremos décadas de vilezas e ignominias.
La ultraderecha no tiene ideología. Solo tiene odio. Odio a los inmigrantes, a las feministas, a los musulmanes, a las personas LGTBI, a los intelectuales, a los ecologistas, a los animalistas. El odio ya no es un tabú, sino una bandera que se agita con orgullo y desvergüenza. Se han normalizado principios como el racismo, la exclusión, la incultura y la violencia.
La derecha liberal ya no existe. Ahora suscribe el discurso de la ultraderecha, sin advertir que los votantes preferirán votar a los ultras. Y la socialdemocracia, con su tibieza y su connivencia con el capitalismo, ya solo inspira desconfianza, pues no ha resuelto los problemas esenciales: vivienda, salarios, sanidad, educación. Nos encaminamos hacia un futuro muy negro.
"Querido Alberto, si quieres ser presidente de este país, lo primero que te recomiendo es que reces a todas las santas y santos... a tu alcance para que Begoña Gómez no sea culpable [...] tras ser acusada de no sabemos qué, porque si eso pasara..."
Marc Giró ⬇️
PALESTINA LIBRE: NI UN PASO ATRÁS
Esta es la fachada de mi casa. Mis vecinos cuelgan banderas de España, a veces con el águila de San Juan, y ya han comenzado a insultarme en las redes sociales por solidarizarme con los palestinos. Me llaman terrorista, rojo, antiespañol y otras lindezas. Todos tienen una cosa en común. Pese a gozar de cierta prosperidad económica, escriben con faltas de ortografía. La ultraderecha analfabeta intenta apropiarse de los espacios públicos e intimidar a los que creemos en los derechos humanos y la amistad entre los pueblos. No debemos permitir que los fascistas acobarden a los demócratas. Dar un paso atrás nunca es una opción razonable y en Gaza y Cisjordania mueren inocentes a diario, asesinados por Israel con la complicidad de EEUU, la UE y el Reino Unido.
Y, por cierto, jamás me he sentido identificado con la bandera rojigualda. Para mí, la bandera de España es la bandera republicana, que goza de legitimidad democrática y no fue impuesta por un golpe de estado, sino por la voluntad popular.
#PremiosPúblico2026@NConcostrina premio Periodismo
‘Depende de los profesionales honestos el futuro de la democracia
Lo único que nos faltaba era no poder confiar en la justicia y desconfiar de gran parte de la prensa… Y lo han conseguido’
Menuda crack, me encanta
SALVAR LA DEMOCRACIA EN ESPAÑA
Los bárbaros ya están llamando a la puerta. Ya no son hunos, sino falsos liberales, patriotas de cartón piedra y nostálgicos del franquismo
Estar orgulloso de ser español, vasco o malgache, me parece tan absurdo como sentirse orgulloso de ser moreno, corpulento y joven. El nacionalismo siempre es un sentimiento narcisista basado en agravios comparativos. La diversidad es necesaria y legímita. Cualquier comunidad tiene el derecho de proteger sus rasgos diferenciales, pero eso no debe convertirse en un obstáculo para la convivencia o para el funcionamiento de las instituciones. El Estado no es sagrado. Solo es un marco regulativo cuya misión es facilitar la administración de recursos y progeter los derechos fundamentales.
La transferencia de competencias puede tener efectos perversos. Hace un año, viajé a Córdoba y se me olvidó un antiagregante necesario para mi cardiopatía isquémica. Acudí a una farmacia y a un hospital y descubrí con estupor que no hay un registro nacional de los usuarios de la Seguridad Social. Desde Córdoba no podían consultar mi historial médico, pues me habían operado en Madrid. Afortunadamente, una doctora muy amable me dio las dos pastillas que necesitaba.
Romper un Estado siempre es peligroso. En Yugoslavia condujo a una guerra civil y, en España, el ascenso de Vox está ligado al procés. Pude verlo con mis ojos. Vivo en Madrid y los balcones se llenaron de banderas españolas y de odio a Cataluña. El nacionalismo fomenta la división y la confrontación. No importa de dónde venga. Azaña se quejó de la insolidaridad de los independentistas con la República, más preocupados de sus reivindicaciones que de salvar la democracia. Ahora mismo España no es un estado fascista, pero en el futuro podría ser una anocracia, si gobiernan PP y Vox. Por eso, los partidos de izquierdas y los independentistas deberían unir sus fuerzas para evitar que nuestro país siga la senda de Alemania, que ha aplicado graves recortes en sanidad y prestaciones sociales para incrementar su presupuesto militar.
Un gobierno del PP-Vox reactivará el independentismo. Es comprensible. Yo vivo en Madrid y muchas veces siento el deseo de mudarme al País Vasco. Pienso que la izquierda debe trabajar por los derechos del pueblo trabajador, con independencia de su lugar de nacimiento. Para salir del estancamiento actual, sería deseable cambiar la forma del Estado. Una república federal o confenderal en vez de una Monarquía controlada por una judicatura, una prensa y una policía alineadas con la derecha.
Me gustaría ser optimista, contemplar el futuro con esperanza, pero cada vez me cuesta más. Sin embargo, no quiero caer en la trampa del pesimismo, que desmoviliza y alimenta la resignación. El futuro aún no está escrito. Podemos hacer que sea de otra manera, que las elites empresariales no gobiernen desde la sombra y que los pueblos se unan para crear una sociedad más libre, más plural y más solidaria.
Luis Tosar acude al programa "Al cielo con ella" con una camiseta que pone "estou ata a cona" que significa estoy hasta el coño. Henar Álvarez le pregunta ¿tú de qué estás hasta el coño?
Aquí todos los "hasta el coño" de Luis Tosar 👇
Grande Tosar, muy grande.
Gabriel García Márquez decia:
Si usted ya llegó a los sesenta, deje de contar las monedas y empiece a contar los momentos.
Porque mientras usted sigue ahorrando “por si acaso”, los “por si acaso” andan afilando el colmillo, esperando su cansancio para disfrutar lo que usted no se permitió.
Ya trabajó, ya crió, ya sufrió.
Ahora es su turno de mirar el amanecer con calma, de comprarse lo que siempre postergó, de tomarse el café más caro sin culpa y con sonrisa.
No se meta en negocios locos ni se deje convencer por el hijo “emprendedor” que siempre tiene una “gran idea” y ninguna factura pagada.
Y por favor: no viva con sus hijos. Visítelos, abrácelos, pero conserve su puerta y su paz.
No cargue con los problemas de nadie. Los nietos son para reír, no para criar; los hijos, para amar, no para mantener.
A esta edad, cuide su cuerpo, pero más su ánimo. No hable tanto de las enfermedades ni de las pastillas; hable de viajes, de canciones, de recuerdos bonitos.
Y si alguien le dice que “ya no sirve para nada”, sonría con elegancia… y piense que esa persona todavía no entiende lo que es llegar lejos sin deberle nada a nadie.
Ría, viva y deje que el resto se amargue por gusto.
Usted ya ganó: sigue aquí, en pie, con historia y con estilo.
¡Y eso es realmente un privilegio!
PP, Vox, UPN y Junts son responsables de que se desahucie a familias vulnerables, se congelen las pensiones, se corte la luz y la calefacción en pleno invierno y las facturas suban sin el bono social eléctrico.
El escudo social era una protección básica para miles de personas.
Gracias al PP, Vox y Junts, no se revalorizarán las pensiones. Votar a la derecha es votar contra los pensionistas, los pobres, los trabajadores, los gais, las mujeres, los animales y los inmigrantes. No hay un ápice de ternura o solidaridad en su discurso. Solo odio y codicia.
"A Eduardo Inda no lo considero un periodista, lo considero un sicario de la información"
"Él selecciona la información en función de la utilidad que tenga para la gente a la que él sirve"
Magnífica Ana Pardo de Vera
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SOCIALISMO HUMANISTA Y COMUNISMO
Los fascistas son profundamente ignorantes y maliciosos. Ahora sacan a relucir que he condenado el comunismo en varias ocasiones. Claro que sí. Yo no soy marxista-leninista, sino socialista. Apoyo un socialismo humanista, democrático, no violento. El comunismo está asociado a la Unión Soviética, una república que cometió un genocidio en Ucrania mediante una hambruna planificada, asesinó a un millón de personas durante la Gran Purga, perpetró una masacre en Katyn (22.000 polacos asesinados), creó el Gulag para confinar a disidentes, pactó con Hitler para repartirse Europa Oriental e invadió Hungría y Checolosvaquia en los 60 cuando ambos países intentaron democratizarse.
Hay un comunismo igualitario, utópico, cristiano, pero ese no es el comunismo de la Unión Soviética ni el de la Camboya de Pol Pot ni el de la China de Mao. Para evitar confusiones, yo prefiero definirme como un socialista humanista. Esa es la ideología de Bertrand Russell, Camus, Orwell, Simone Weil, María Zambrano, Norberto Bobbio o Zygmunt Bauman.
Apenas abro los comentarios, aparecen los bots fascistas. Vienen malos tiempos. Con el fascismo trumpista, ayusista o putiniano, no se puede dialogar. Solo cabe resistir. Con las palabras, con los votos, con los gestos. Ojalá sea suficiente y la locura del moderno fascismo no nos lleve a escenarios más trágicos.
No sé si soy intransigente, pero no podría ser amigo de un admirador de Trump, Ayuso, Aznar o Abascal, pues sus ideas encarnan todo lo que detesto: los privilegios injustos, la insolidaridad, el abuso de la fuerza, el desprecio por las minorías, el desdén por la cultura, el maltrato a los más vulnerables, la corrupción, la demagogia más burda. La amistad implica complicidad, afinidad, valores compartidos, anhelos comunes, un firme rechazo de ciertas conductas.
Podría respetar e incluso apreciar a un conservador que aceptara los valores democráticos esenciales, que incluyen los derechos sociales, no solo las libertades formales, pero no podría ser amigo de alguien que alienta prejuicios contra los inmigrantes, las mujeres, las personas LGTBI o los pobres. La amistad, como el amor, no es un sentimiento irracional, sino el fruto de un entendimiento racional. Si no es así, no se puede hablar de amistad, sino de un apego patológico.
El premio de la paz de la FIFA, jaleado por la Premio Nobel de la Paz, bombardea, secuestra y prepara el saqueo de otro país.
Cualquier ficción de derecho internacional acaba aquí. Vuelve el Imperialismo del XIX. Lo que sigue está en los libros de historia.
Comienza la enésima guerra por petróleo. A estas horas Trump bombardea Caracas, mientras en un penthouse de Miami, María Corina Machado, aplaude la ráfaga de muerte contra su propio pueblo.
Todos los miembros del Comité Noruego del Nobel de la Paz deberían ser detenidos y juzgados hoy mismo por un tribunal popular.
¿Qué es la violencia? ¿Volcar un contenedor? ¿Mover una valla para cortar el tráfico? ¿No dejarse intimidar por la brutalidad policial? Me parece mucho más violento desahuciar a una familia vulnerable, explotar a un trabajador, dejar sin luz a los niños de la Cañada Real, tolerar que la vivienda se convierta en un bien inaccesible, negar o minimizar la violencia machista, justificar el genocidio del pueblo palestino, firmar unos protocolos que abocaron a una muerte indigna a miles de ancianos, vincular la inmigración a la delincuencia, criminalizar a las mujeres que abortan, poner trabas para acceder a la eutanasia cuando se sufre una enfermedad terminal, cerrar las urgencias de los ambulatorios, privatizar la sanidad a costa de la salud de los ciudadanos, abogar por la reducción de las pensiones, oponerse a la subida de los salarios más bajos, acusar de terrorismo a un chaval sin más pruebas que un ridículo tuit. Podría añadir más cosas, pero creo que es suficiente. La verdadera violencia no es protestar airadamente en las calles, sino poner en marcha políticas que producen el sufrimiento de los más vulnerables y blindan los privilegios injutos de una minoría.
El 21 de diciembre de 1973 la policía iniciaba una ‘caza al hombre’ para intentar capturar a cualquier precio a los autores del ajusticiamiento de Carrero Blanco.
Esa madrugada la muerte se cruzó con un joven de 19 años, que no tenia ninguna relación con los hechos. Se llamaba Pedro Barrios González y salia de trabajar del Drugstore cuando tuvo el infortunio de pasar corriendo -huyendo de la intensa lluvia- por uno de las decenas de controles que la policía había montado por toda Madrid.
No preguntaron. No dudaron en disparar. La bala le atravesó la mandíbula, dejándole herido de muerte. El día 5 de enero, tras dos semanas de agonía, moría en el cercano Gran Hospital.
Su muerte solo la recogieron algunos periódicos, y cuando lo hicieron fue para sugerir su posible vinculación con el atentado, pues entonces de la actuación policial no se hablaba.
Pasó a ser una cifra más, olvidada, de todos los muertos y asesinados por la violencia ultraderechista y policial durante la larga noche del franquismo y la transición.