En 1984, EE.UU. vio en televisión algo que nadie esperaba: Gary Plauché, un padre devastado, disparando a quemarropa al pederasta que había secuestrado y abusado de su hijo de 11 años.
El agresor llamado Jeff Doucet venía esposado, escoltado por la policía, y aun así Plauché lo esperó en silencio en el aeropuerto. Cuando pasó frente a él, lo ejecutó. Todo quedó grabado.
El detalle que marcó la historia: el padre no fue a prisión ya que el juez consideró que tenía trauma emocional extremo y solo le impuso cinco años de libertad condicional, servicio comunitario y tratamiento psicológico.