Me aguanto las ganas de preguntar y pedir una explicación, no por orgullo, sino porque entiendo que no todo merece mi energía, ni toda duda necesita respuesta.
El hijo ocupado, el hermano distante y el amigo ausente. Es el precio que estoy pagando por empezar a ver los resultados de la vida que quiero, y estoy dispuesto a dar más.
A mi si me gusta volver a caer, perder, que me critiquen, tocar fondo y estar en mi peor momento solo para demostrarme que puedo avanzar solo y ser más fuerte que antes…