Si estas derrotado!
Recorda que no estas vencido!
Segui probando!
Prohibido rendirse
A tus pies, arde mi corazón
A tus pies, entrego lo que soy
Ese lugar de mi seguridad
Donde nadie me puede señalar
Me perdonaste
Me acercaste a tu presencia
Me levantaste
Hoy me postro a adorarte!
A tí te han vendido que la Superbowl es el evento deportivo americano más grande que hay y luego ves como abre la FOX su conexión para un Estados Unidos vs Australia de la fase de grupos del Mundial.
Para ustedes, para vos Paraguay!!! Vamos carajoooo vamos nosotroooos!!!! Que digan que no podemos...sabemos bien que es mentira!! Somos mbarete, somos vencer o morir!!! 🇵🇾🇵🇾🇵🇾🇵🇾
13 DE JULIO DE 1865
Se suicida William Whytehead, inglés, Ingeniero Jefe del Estado paraguayo
Nacido en Yorkshire el 11 de Julio de 1832*, era de distinguida familia, escocesa de origen, hijo de William y Elizabeth. En la Casa Blyth, Whytehead había desempeñado el cargo de “Consulting Engineer”, o Ingeniero asesor. Durante el año 1854 parece haber estado en Francia, llamado para dirigir la fabricación de armas y proyectiles, también ese mismo año, estaba en tratativas con la Casa Griffith para encargarse de la agencia de hélices patentadas para esa firma. Tenía varios inventos patentados (mejoras en máquinas de vapor) y había publicado folletos sobre ellos; inclusive parece haber redactado o dirigido durante un tiempo THE ARTIZAN, la importante publicación técnica periódica sobre construcción y mecánica que vió la luz en Inglaterra en aquellos años.
Su contrato con el gobierno paraguayo había comenzado en 1854. Una carta de Solano Lopez a Whytehead, fechada en París el 26 de octubre parece ser decisiva en sus términos, especifica que “el sueldo será de 400 libras”. Para venir al Paraguay Whytehead dejó en Inglaterra su familia, constituida por la madre y tres hermanas solteras. Llegó a Asunción el 25 de enero de 1855, a bordo del Tacuarí con el General López que terminaba su misión por Europa.
Entre todos los técnicos contratados en el período 1850—1865 por el gobierno paraguayo, con los títulos y definida personalidad humana y profesional del Ingeniero Whytehead; ninguno que dejase tan honda huella en la empresa actualizadora estatal. El sueldo de Whytehead como ingeniero Jefe del Estado era el más alto hasta entonces percibido en el país, si se exceptúa el Presidente.
Como todos los directivos en su misma situación, Whytehead disfrutaba de otros privilegios y beneficios; tenía derecho a dos caballos, comida, alojamiento y sirviente. Dicho sea de paso, no siempre utilizó todas estas regalías, o las utilizó solamente en forma precaria. Aunque en el documento en que su segundo contrato en 1857 se establece que “el gobierno me proveerá de casa habitación durante los últimos tres años” prácticamente el único privilegio que usufructuó parece haber sido el de los montados.
El edificio donde se alojó fue la llamada “Casa de la Ribera” o “El Castillo” por poseer un piso alto: casona señorial al uso de la época, conocida entre los nativos como Machain-cué.
En la oficina de Whytehead convergieron pues todos los movimientos y actividades de las distintas dependencias técnicas: Altos Hornos, Astillero, Fundición, Arsenal, obrajes auxiliares. También ejerció la superintendencia de las obras del ferrocarril. Sólo quedaron fuera de su jurisdicción el telégrafo, la sanidad, y la edificación no relacionada con el Ministerio de Guerra y Marina, iglesias, palacios y residencias del Presidente o su familia; teatro, etc.
Whytehead visitaba a menudo al Ministro de Guerra y Marina, General Francisco Solano López, con quien discutía y preparaba el plan de actividades, y al que presentaba luego el resultado de sus trabajos. Casi siempre era el General quien hacía llamar a Whytehead; pero también este acudía al despacho del Ministro por propia iniciativa en múltiples emergencias. Cuando se comunicaban por nota, en esos primeros años, lo hacían en francés. El Ministro consultaba con Whytehead, no sólo los asuntos pertinentes a su cargo, sino también otros, que dan idea de la confianza que en su competencia y criterio depositaba el gobierno.
A principios de 1860, cumplidos ya tres años de su segundo convenio y a cinco de su primer contrato, Whytehead decidió regresar a Inglaterra, a disfrutar del descanso merecido, y que el contrato le aseguraba. Asi lo realizó, saliendo de Asunción el 21 de marzo de ese año.
Al ausentarse, dejaba tras sí un gran prestigio como persona y como profesional. Cinco vapores botados en los Astilleros proclamaban su dinámica gestión, el Ferrocarril comenzaba a asentar sus rieles; Ybycuí proveía al Arsenal de hierro y fundía un número creciente de piezas cada vez más variadas y complejas; en el Arsenal los talleres respondían en la forma más organizada posible a los pedidos de armamento, de maquinaria, repuestos y accesorios mecánicos requeridos por las diversas secciones; aparte la labor complementaria de la fundición en los Altos Homos: ajuste, torneado, calibrado de cañones y obuses, “rebarbeado” de piezas diversas.
Ahora bien, si el primer lustro de trabajo, bajo términos al parecer tan favorables, subordinó pues su regreso a la aceptación, por parte del Gobierno paraguayo, de nuevos términos. Se avenia a prestar a servicios por cinco años más, pero el sueldo habría de ser: 1.200 libras. Francisco Solano López contestó a la propuesta de Whytehead:
“Si fuera la primera vez que usted entra al servicio del Gobierno, tendría necesidad de hacer una exposición sobre la calidad de Ingeniero Jefe; pero habiendo ya servido al Gobierno algunos años, y conociendo ya prácticamente las dificultades. . . y el recargo de deberes que han recaído y en aumento seguirán recayendo sobre usted. . . por la presente y en nombre del mismo Gobierno, vengo a aceptar la oferta de servicios que usted hace, no dudando que durante este nuevo contrato seguirá usted desplegando el mismo celo y laboriosidad que en años anteriores”.
Regreso a Paraguay a fines de 1860 y reasumio sus obligaciones. Las conversaciones con el Ministro de Guerra y Marina se reanudaron. Whytehead continuó disfrutando de la plena confianza y del apoyo del Presidente y su hijo y de la de este después de 1862.
Whytehead hizo de intermediario, en peticiones de empleo o de condonación de sanciones a maquinistas u obreros; solicitudes de pasaje o de sueldos, que los técnicos al presentarlas recomendaban a Whytehead, confiando en sus buenas relaciones con el Gobierno. Una vez y otra el Ingeniero Jefe interponía sus buenos oficios en favor de sus compatriotas, y casi siempre obtenía lo que solicitaba: pasaje para un maquinista despedido, y que por esta circunstancia no tenia derecho a ello; o para una viuda, caso tampoco previsto en la contrata; o la libertad de un maquinista u operario arrestado por borrachera o por reincidente desobediencia en el ejercicio de sus funciones (inclusive abandono del trabajo).
No solo ejerció el papel de un verdadero moderador en las relaciones entre el personal inglés y el Gobierno. Más todavía, fue un auténtico benefactor de sus compatriotas, a los cuales socorría moralmente y apoyaba en cuanto pudiera ser sombra o vestigio de derecho, aparte de servir de mediador en sus asuntos económicos, encargándose de enviar a las familias las pequeñas mandas y ahorros, y de prestar dinero a cuantos en apuro se le aproximaban.
A mediados de 1862 recibió Whytehead la noticia de la muerte de su madre fallecida repentinamente de un ataque, en marzo, la muerte de la genitora parece señalar para Whytehead el principio de una nueva época paraguaya, en la cual los acontecimientos adversos se van escalonando, mas la muerte de Don Carlos Antonio en septiembre miento viene a señalar ese año, como crucial para la posición de Whytehead en el orden formal de sus relaciones oficiales.
Nombrado Presidente Francisco Solano López en octubre del mismo año, cesaron casi automáticamente las consultas directas con Whytehead, reduciéndose a las ocasiones muy espaciadas y singulares. Pasó a ocupar el Ministerio de Guerra y Marina el hermano de Francisco Solano, Venancio López, con quien en adelante se entrevistó Whytehead para las consultas.
A fines de noviembre de ese mismo año contrajo Whytehead una enfermedad tropical cuyos primeros síntomas se habían manifestado meses antes, inútilmente le atendieron, uno tras otro, los doctores amigos suyos: Barton, Skinner, Stewart. El mal, crónico, minó las energías físicas de Whytehead, cuando justamente las obras todas entraban, con la Presidencia de Solano López, en una etapa de inéditas exigencias. Sin embargo, sobreponiéndose a todos sus malestares físicos, seguía atendiendo a sus obligaciones; y el trabajo continuaba, aunque con cierto esfuerzo, su ritmo, cuando otra grave circunstancia vino a interferir en él.
El 2 de enero de 1863 Whytehead, junto con el contramaestre Grant, fue víctima de un intento de asesinato. Un peón, de nombre Ramón Pedrozo, reprendido por Grant, primero, luego por Whytehead, agredió a los dos a puñaladas.
Las heridas no fueron muy graves, al parecer; pero en Whytehead la convalecencia fue más difícil, ya que su organismo se hallaba debilitado por meses de enfermedad. Apenas cerrada su herida, se trasladó a Buenos Aires, cuya prensa se hizo eco de su llegada. Allí permaneció casi dos meses en el Hotel Roma, bajo la atención médica del afamado Dr. Leeson, sin adelantar gran cosa, salvo en el reumatismo cervical que le aquejaba, y que cedió de momento ante la más reciente innovación en la materia; las inyecciones de morfina aplicadas en el cuello.
Viajó de regreso el 15 de abril, al llegar confiaba reanudar su trabajo a breve plazo. No pudo hacerlo sin embargo. La herida era cosa ya olvidada, pero la enfermedad tropical (probablemente disentería amebiana) más tarde complicada con hepatitis, rebelde a los médicos, le seguía mortificando, minando lentamente sus energías y haciéndole imposible el trabajo continuado así como la vida social. Todo el resto del año permaneció en su casa, atendido por Skinner, sin hallar alivio.
Al amparo de una ligera mejoría, a fines de 1863, Whytehead volvió a concurrir a su labor diaria de oficina.
Al terminar ese año, ya los signos en el panorama internacional iban configurando las perspectivas de un conflicto, es también por entonces cuando, aunque esporádicos o solapados todavía, empiezan a percibirse los primeros signos de deterioro en el ambiente del trabajo, del Arsenal.
El choque en noviembre de 1864, con el Ministro de Guerra y Marina, puso de relieve de pronto hasta qué punto la imagen del Ingeniero Jefe había sufrido deterioro en el ambiente oficial. La actitud consecuente de Whytehead como amigo hacia personas “non gratas” como Atherton y Cochelet; el hecho sobre todo de haber seguido visitando a Atherton cuando éste salió de la cárcel, debieron perjudicarle bastante en el ánimo del gobierno.
La guerra comenzo a desviar sus recursos, sus personales son enviados a otra parte sin consulta o comunicación previa, frente a estas descortesías, reacciona siempre reivindicando sus atribuciones que consideraba falta de respeto a su persona o a su rango de funcionario. Pero esto no contribuía a hacer más sólida su posición.
El contrato de Whytehead había vencido ya en diciembre de 1864. De acuerdo con los términos del mismo, estaba libre para regresar a su patria. Tal vez un sentido de decencia e hidalguía le impidió sin duda plantear su regreso —que bien pudo hacerlo— en esa fecha, cuando aún se podía salir del país.
En febrero anterior, en una visita de inspección al barco Vesubio, ex-Pulaski, norteamericano, recién adquirido por el Gobierno, el maquinista que le acompañaba no le previno de la existencia de una escotilla abierta al paso de un rincón oscuro, Whytehead cayó por la escotilla a la bodega; el carbón amortiguó en parte el golpe; pero no pudo evitar que el caído se lastimase la cadera.
El accidente, añadido al reumatismo cervical, al agotamiento resultante de su enfermedad crónica y al cansancio psíquico producto de la tensión prolongada. Y por si fuera poco, en abril de 1865 se publica la larga nómina inicial de condecorados por el Gobierno con la Orden del Mérito, la primera creada en el Paraguay; constituida a modo de una Legión de Honor; se confería a los que hubiesen prestado servicios distinguidos al país.
Entre ellos no se encuentraba Whytehead. Omisión deliberada, y más sugestiva en sí misma que cualquier otro indicio, signo de un enfriamiento total en la actitud oficial hacia el eficiente colaborador de diez años. Aquello debió afectarle, no cabe duda, aunque no lo diese a entender.
No sabemos si a consecuencia de la frustrada gestión de la Doterel —de la cual con el retraso consiguiente, pudieron enterarse los ingleses— unida a la muerte de los maquinistas en Riachuelo a la prisión de Gibson y a la realidad del bloqueo el caso es que el estado de ánimo de los empleados británicos empeoró y en los primeros días del mes de julio de 1865 la situación entró en evidente y rápido deterioro.
El 8 de julio Whytehead visitó al Ministro y le comunicó la atmósfera adversa al trabajo que reinaba en el Arsenal, manifestando su deseo de quedarse en casa algunos días pues se sentía cansado y nervioso.
Ello se hizo totalmente evidente dos días después. Whytehead presentó el 11 de julio al Ministro una nota para el Presidente, He aquí los términos de esta carta:
“Excelencia:
Hace tiempo que mi salud viene dejando que desear; y actualmente a causa de los muchos trabajos extraordinarios con que la situación me enfrenta, sufro de un acceso de nerviosidad que me obliga a dejar mi trabajo por unos días. He tenido también que sufrir grave quebranto a causa de la actitud de determinados individuos de) Arsenal; todo esto añadido a ciertos asuntos privados y personales que me reservo explicar a V.E. cuando tenga el honor de verle, me pone en el trance de pedir la gracia de que me permita regresar a Inglaterra tan pronto como las circunstancias actuales lo hagan posible. Soy, Excelencia, su atento servidor”.
No sabemos tampoco si el Presidente contestó y en qué forma: ya que la parte a él respectiva en la correspondencia no se conserva; pero lo que después sucede parece sugerir que su contestación ,si no fue negativa, por lo menos se demoró; y entre tanto, los acontecimientos tomaron cariz definitivo.
El día 12 de julio por la tarde Whytehead, en una nota al Ministro de Guerra y Marina, le comunicaba que un grupo de empleados del Arsenal había llegado hasta las cercanías de su casa insultándole a gritos. Los términos de la carta dirigida por Whytehead a Vicente Barrios dejan entrever que los dicterios de sus paisanos envolvían "una acusación a mi conducta moral, que ningún hombre puede aguantar" . Y seguía pidiendo concretamente al Ministro "que abriese de inmediato una investigación sobre su conducta", y presentando su dimisión para que aquélla pudiese realizarse sin dificultad.
Ante el apremio patente en la nota, Barrios despachó al punto un oficial para que se entrevistase con Whytehead y tratase de tranquilizarlo, asegurándole de nuevo que se haría todo lo que fuera menester para cortar de raíz el asunto. Estas palabras en vez de calmar a Whytehead, debieron contribuir a exacerbarlo.
En las primeras horas del día 13, en la vieja quinta de los Recaldes, Whytehead fue hallado colgado de una viga de su dormitorio. (Según José Leocadio Trujillo, Whytehead se habría suicidado ingiriendo nicotina) Lo descubrió el Dr. Fox, que había ido a visitarlo y que trasmitió inmediatamente la noticia al Ministro Barrios.
Sobre los motivos de su suicidio hay dos versiones, a según José Leocadio Trujillo, que al ser llamado por Lopez a su cuartél, “y temeroso del fin que le esperaba, prefirió por sí mismo quitarse la vida”. Esta versión cae por la preocupación que hasta el último instante muestra Barrios por solucionar el conflicto del Ingeniero con sus subordinados y que tal vez Whytehead podría haber perdido la amistad del Mariscal, pero no su confianza como profesional y eje del aparato técnico. Los hechos y las palabras de Whytehead denuncian claramente en el Ingeniero Jefe el estado que modernamente llamamos “colapso nervioso”.
Al comunicar Vicente Barrios al Presidente la muerte de Whytehead, alude “al sensible suceso". Por orden del propio Presidente se dió al entierro el mayor relieve posible. Se facilitaron caballos a los ingleses que no los tenían, para que pudiesen acompañar la comitiva; a ésta se sumaron oficiales y sargentos del Ejército y la Armada, enviados por el Ministro. Según el parte de Vicente Barrios, fue lucido el acompañamiento hasta la Recoleta, donde fue enterrado el 15 de julio, en el cementerio inglés.
Bloqueado ya el río, interrumpida- la correspondencia, Anne, Jane y Elisa allá en Londres habrían esperado durante meses en vano noticias de su Will, el único varón de la familia, había muerto y su cuerpo se iba mezclando ya a aquella tierra en la cual inútilmente había esperado ver florecer sus anémonas.
El Estado en efecto adquirió la mayor parte de la biblioteca de Whytehead: unos 1.000 volúmenes de arquitectura, mecánica e ingeniería civil y naval; entre ellos 19 libretas de anotaciones y diseños técnicos, quizá aquéllas en las cuales Whytehead había anotado detalladamente todas sus entrevistas con Solano López, en aquellos 10 años. Estas anotaciones, tan preciosas para el diseño histórico de los proyectos de López en todas sus dimensiones actualizadoras, parecen haberse perdido definitivamente.
En su honor en Asunción se nombre la calle “Ing. John Whytehead”. Este nombre equivocado se debe a una confusión del sabio Juan Pérez Acosta y una Escuela Básica Nº 4689 Ing. Willian Whytehead, en el camino que une Altos con Atyra.
*Si bien, hay dos otras fechas de nacimientos atribuidos a Whytehead (1810/1825), doy esta basandome en el censo realizado en Inglaterra en 1841, donde figuran el y una de las hermanas arribas mencionada, ademas de encontrar su fe de bautismo realizado a 11 dias del santo en honor a su segundo nombre.
EXTRAÍDO DE: Los Británicos en el Paraguay (1850-1870) de Josefina Plá.
IMAGEN: William Whytehead (sentado de barba), junto al Cnel. Francisco Fernandez (mostacho) con otros inglesdes del Arsenal de Asunción.
La mala fortuna de Harry Kane con los títulos. En lo que va de su carrera, todavía no pudo consagrarse ni una vez.
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