¿Te imaginas que te digan que tu hija no se acuerda de ti y que por eso no te llaman?
Eso fue exactamente lo que le dijeron a Gabriela, una madre separada de su hija.
No fue un malentendido. Fue un mensaje largo, cuidadosamente escrito, donde se le explicó que no la llamarían todos los días porque “no es una obligación”, y que si antes lo hacían era porque la niña lo pedía, pero que ahora simplemente no se ha acordado de ella.
Sí, así, con esas palabras.
Y no lo dijo cualquier persona. Lo dijo Lavinia Valbonesi, figura pública, madre, y esposa del presidente del Ecuador.
¿Desde cuándo el vínculo entre madre e hija se convierte en un “favor”? ¿Desde cuándo se justifica la falta de contacto diciendo que la niña no tiene interés? ¿Y desde cuándo se usa a una menor como excusa para invisibilizar el dolor legítimo de una madre?
Este no es solo un conflicto personal. Lo que se lee en esos mensajes es gaslighting emocional, violencia simbólica y revictimización.
Gabriela no pidió un privilegio. Pidió hablar con su hija. Pidió acompañarla, saber de ella, sentir que su amor de madre no era ignorado. Pero recibió desdén, sarcasmo y una retórica de “yo también soy madre” que no busca empatía, sino competencia.
Y cuando ella expresó públicamente su dolor (porque sí, tuiteó), le respondieron con más burla: “qué show el que pones”, “ni siquiera pidió volver a su casita”, “ni llanto alguno”. Como si una niña de esa edad tuviera que armar una escena para que se valide el lazo materno. Como si expresar el dolor fuera un pecado.
Luego, el remate: “Si ni ella está preocupada por hablar contigo, ¿por qué deberíamos estarlo nosotros?”. Frase que no solo es insensible, sino profundamente deshumanizante.
Gabriela fue tratada como una molestia. Como una exagerada. Como una mujer emocionalmente inestable por pedir lo que es suyo por derecho: contacto con su hija.
Este no es un caso aislado. Es una muestra más de cómo muchas mujeres, sobre todo en contextos donde hay poder de por medio, son silenciadas, desacreditadas y culpabilizadas por amar, por sentir, por insistir.
Ser madre no debería doler así. Y si duele, lo mínimo que merece Gabriela (y cualquier madre) es respeto.
No burlas.
No sarcasmo.
No crueldad envuelta en justificaciones.
¿Porqué están haciéndose los ciegos con Esmeraldas?
Esto es un desastre horroroso!
Miles de personas y animales afectados.
¿Cuándo van a dejar de pelear y cuándo van a reaccionar? #DerrameEsmeraldas
Desastre Ambiental!! Esmeraldas enfrenta una tragedia ambiental por un derrame de petróleo, dejando a miles de familias sin acceso a agua. El crudo destruye la vegetación, afecta la vida marina y golpea la producción de campesinos y pescadores.
Esta crisis exige una respuesta responsable y urgente. No basta con repartir kits de alimentos; es fundamental aplicar medidas inmediatas que mitiguen la contaminación.
Mi solidaridad con el pueblo de Esmeraldas.